Hermanas Clarisas
El Valencia, Aragón y Baleares se encuentran diversos monasterios de Hermanas Clarisas. Forman una federación. Es una presencia franciscana que les queremos acercar.
- Monasterios de hermanas clariasas en el antiguo reino de Aragón.
- Notas específicas de la vocación de las clarisas.
- Nuestra vocación.
- Jornada de una clarisa.
- Algunas fechas de la vida Santa Clara
- Regla de Inocencio IV.
- Benedicto XVI, catequesis sobre Santa Clara.
- Las clarisas en la Corona de Aragón.
Monasterios
- Almazora (Castellón). Monasterio de la Inmaculada Concepción
- Canals (Valencia). Monasterio de Santa Clara.
- Cocentaina (Alicante). Monasterio de Ntra Sra del Milagro
- Fortià (Girona). Monasterio de Santa Clara
- Gandía (Valencia). Monasterio de Ntra Sra de Gracia.
- Huesca. Monasterio de Santa Clara
- Oliva (Valencia). Monasterio de Ntra Sra de la Visitación.
- Palma de Mallorca. Monasterio de Santa Clara.
- Tauste (Zaragoza). Monasterio de San Jorge
- Teruel. Monasterio de Santa Catalina.
- Valencia Monasterio de la Puridad y San Jaime.
- Valencia Monasterio de la Trinidad.
- Vall d'Uxó. Monasterio de la Divina Providencia.
- Zaragoza. Monasterio deSanta Catalina.
- Zaragoza. Monasterio de Santa María de Jerusalén.
- Federación de la Inmaculada de los monasterios de Valencia, Aragón y Baleares.
Notas específicas de la vocación de las Clarisas
¿Qué notas peculiares, qué “Forma de Vida” es la que el Espíritu revela a Clara como respuesta a la iniciativa amorosa de su Dios? Dado su deseo de vivir totalmente consagrada al Señor en la vida contemplativa, podía haber optado por la Regla Benedictina, profesar así una Regla bien definida, pero no era ese el camino. Francisco, mientras edificaba la Iglesia de San Damián, profetizó de nosotras, en un transporte de alegría e ilustrado por el Espíritu Santo, lo que más adelante el Señor realizó. En efecto. Subido entonces sobre el muro de la mencionada Iglesia, gritaba en lengua francesa a ciertos pobres que vivían allí cerca: “Venid, ayudadme en las obras del monasterio de San Damián, porque llegará un día en que habrá en él unas damas cuya santa vida difundirá su fama y dará gloria a nuestro Padre celestial en toda su santa Iglesia”. En la sencilla y pobre ermita de San Damián tuvo sus comienzos la nueva familia que, siguiendo el carisma de Francisco y Clara, abrazan gozosas una vida según el Evangelio, cuyas notas más significativas son las siguientes:
Vida contemplativa
Nuestra vida, siguiendo el ejemplo de Clara, está orientada prioritariamente a la oración contemplativa. Cristo es nuestra primera y principal ocupación, todas las cosas temporales, y el trabajo en particular, deben servir al espíritu de oración y devoción. La oración es el centro de nuestra vida, una oración transida de amor esponsal a Jesucristo. Contemplación centrada en la Persona, en la Vida y Palabras de Cristo el Señor, en su concreción histórica, desde su concepción y nacimiento hasta su muerte y resurrección. Acoger, aceptar, dejarse atraer por el Amor que encierran estos Misterios es el gozo y la fuerza que sostiene y da sentido a nuestra vocación contemplativa hoy, igual que hace casi ocho siglos lo fue para Francisco y Clara.
Un rasgo típico de la oración franciscana es la “Alabanza amorosa al Señor”. Como Francisco, las Clarisas no pueden olvidar el universo entero que lleva impresa la huella de su Creador, a través de sus obras. De Clara sólo disponemos de un testimonio a este respecto:
“Cuando la santísima Madre mandaba a las hermanas externas fuera del Monasterio, las animaba a alabar a Dios cuando viesen los árboles bellos, floridos y frondosos; quería que hicieran otro tanto a la vista de los hombres y de las demás criaturas, a fin de que Dios fuera glorificado en todo y por todo” (Proceso, XIV), n. 9).
También la “Oración de Intercesión” está viva en el corazón de las Clarisas. A pesar de vivir en la clausura monacal, la mirada Clara se dirigía con bondad a todos los hombres, al mundo, a la Iglesia. Todas las penas de sus hermanos tenían acceso a su alma. Lloraba por los pecadores, acogía a los afligidos, a los pobres que acudían a ella esperando de su oración, de sus milagros un consuelo para sus miserias, salva a la ciudad de Asís del asedio de los sarracenos... Muchas más realidades se podían añadir a las ya numeradas. Nuestra vida de Clarisas, hoy, tiene muy presente este aspecto de oración a favor de la Iglesia y del mundo.
Pobreza
Nuestra Orden, en sus orígenes, se denominaba “Hermanas pobres de San Damián”, sin duda por la radicalidad con que Francisco y Clara vivieron y siguieron a Cristo pobre. La razón de esta experiencia, libremente abrazada, no fue nunca un objetivo ascético. Clara se compromete en la vida de pobreza, humildad, penitencia y caridad por seguir las huellas de pobreza y humildad de su amado Jesús.
Es cierto que toda vida religiosa incluye la pobreza. Sin embargo, Clara, siguiendo a Francisco, quiso una forma de pobreza que distinguiera su fundación de las demás. “Fue destacada amante y hacendosa cultivadora de la pobreza” (Bula de canonización n. 12).
Fraternidad
A su amor esponsal a Cristo, Clara une su ternura y entrega materna por todos sus hermanos los hombres. “Te considero colaboradora del mismo Dios y sostén de los miembros vacilantes de su Cuerpo inefable” (Cl3C 8), escribe a Santa Inés de Praga. Profunda definición de la misión y vida contemplativa en la Iglesia, del amor fraterno que se vivió en aquella Comunidad formada por Clara y sus primeras seguidoras.
Para Clara y Francisco cada hermana/o es un don del Señor. En su vivencia radical del Evangelio, la comunión fraterna estaba fundamentada en el gran amor que Dios nos tiene, en amar y cuidar a cada una de las hermanas con el amor solícito con que Cristo las ha amado. En la “Forma de Vida” deja bien claro dónde se enraíza el amor fraterno en nuestras comunidades:
“Manifiesten confiadamente la una a la otra su necesidad. Y si una madre ama y alimenta a su hija según la carne, ¿con cuánta mayor solicitud no deberá una hermana amar y alimentar a su hermana espiritual? (CLR VIII 15-16).
Son muchos los textos que nos hablan de la importancia que tiene la vida fraterna, y es un sublime don en nuestra vida contemplativa, el vivir en Fraternidad en la que la variedad enriquece la unidad y conduce a una vivencia auténtica de familia cristiana, hijas del mismo Padre, hermanas en Cristo por la savia y comunión del Espíritu.

Interior de la iglesia de las clarisas de Palma de Mallorca.
Clausura monacal
La vida contemplativa en clausura ha sido y es signo de contradicción. Clara y sus primeras hermanas lo experimentaron y hoy lo sabemos las Clarisas que hemos pasado también con más o menos intensidad por esta situación. Por un lado es cierto que existe una gran estima por esta forma de vida. En nuestra Capilla de Oración son muchas las personas que, en un libro puesto al respecto, van anotando sus intenciones, sus necesidades para que las pongamos ante el Señor y oremos por ellos. Pero no faltan también en nuestra sociedad voces que claman y nos reclaman una vida más entregada a los demás, más útil a la sociedad, más abierta a las necesidades candentes de nuestro mundo.
Hay que partir de una realidad fundamental. La iniciativa de nuestra vocación, como decía al comienzo de estas sencillas letras, “es del Señor”. Clara lo afirma repetidas veces en sus escritos:
“Y así fue, por voluntad de Dios y de nuestro Padre San Francisco, vinimos a vivir junto a la Iglesia de San Damián. Aquí, en breve espacio, nos multiplicó el Señor por su misericordia y gracia” (ClT 31).
“Entre tantos beneficios como hemos recibido y estamos recibiendo cada día de la liberalidad de nuestro Padre de las misericordias... uno de los mayores es el de nuestra vocación” (ClT 2-3).
Nuestra vocación de Clarisas, incluido este rasgo de la clausura, es un don del Señor para bien nuestro y de toda la Iglesia. Y con esta ilusión vivimos en la soledad y retiro del mundo teniendo muy presentes las necesidades de nuestros hermanos los hombres por lo cuales oramos constantemente.
Nuestra vocación en el claustro no aísla ni cierra al amor de los que tenemos cerca y de todos nuestros hermanos que están lejos. En la jornada diaria de una contemplativa es constante el recuerdo orante, el recuerdo vital pidiendo al Señor derrame sus bendiciones y gracias abundantes en nuestra situación histórica, en las realidades que entretejen nuestra vida de cada día.
