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Monasterio de Santa Clara. Palma de Mallorca
Las piedras que hablan de Dios (2)
Reliquias que conserva el Monasterio
Reliquia de los corporales hilados por Nuestra Madre. Sta. Clara
Se sabe que cuando vivía nuestra madre santa Clara, como recuerdo enviaba a los conventos que se iban fundando algunas cosas pertenecientes a su uso o trabajadas por ella misma. Probablemente, envió estos corporales cuando la fundación del monasterio de Tarragona y a su vez las fundadoras se las trajeron cuando hicieron la fundación aquí en Mallorca. Sucedió que un día la sacristana, Sor Clara Llull, secaba junto a la lumbre unos purificadores, dichos corporales y otros lienzos, cuando por descuido, prendiose a ellos el fuego y quemáronse todos los lienzos consagrados al culto divino menos aquellos sagrados corporales. Desde entonces se conservan como reliquia con gran aprecio de la comunidad.
Las reliquias de san Saturnino
Uno de los hechos más relevantes vividos por las monjas de Santa Clara durante el siglo XVII, fue la recepción de las reliquias de san Saturnino, donadas por el mallorquín Arnaldo Moix, comendador de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, el 14 de octubre de 1679. La decisión de este personaje de depositar la urna con los restos del mártir de la época de Diocleciano, estaba claramente ligada a la presencia de dos hermanas suyas, sor Beatriz y sor Isabel Moix, en el convento, en la capilla de Santa Ana del cual se acabaría colocando la sagrada reliquia. En el acto de donación actuarían como testimonios el conde de Formiguera, el marqués de Bellpuig y Ramón de Fortuny. Pero ... ¿cómo habían llegado estos restos a manos de fray Arnaldo Moix?
La historia conocida arranca sólo unos meses antes de la donación a las clarisas, cuando el cardenal de Carpineo, vicario general del Papa Inocencio XI, sacó las reliquias del cementerio romano donde estaban enterradas, para colocarlas en una urna sellada con su sello y enviarlas al marqués Felipe Nerlio a Florencia. Poco después, concretamente el 27 de abril de 1679, el citado marqués llevaría la urna a Malta, y la cedería al Gran Maestre de la Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, por entonces el mallorquín Nicolás Cotoner. Él sería quien las haría llegar a su compatriota y compañero en la orden Arnaldo Moix.
La devoción a san Saturnino crecería en los años siguientes a la llegada de sus restos al convento, especialmente en momentos de grandes calamidades. Precisamente en momentos extraordinarios (5 de marzo de 1683 y 16 de marzo de 1689) serían sacados en procesión.
Detalles de nuestro Monasterio
La portería y els Abadites
Todo el monasterio es por hoy la mejor muestra monumental del llamado gótico primitivo. El claustro, la sala capitular, el refectorio y el dormitorio son los máximos exponentes de una arquitectura lejana en el tiempo que merced a la clausura siguen con la vigencia de antaño.
El conjunto está formado por tres grandes alas que se distribuyen alrededor del claustro, el cual se cierra al sur por una galería adosada a un alto muro dispuesto frente al mar. El ala norte corresponde a la Iglesia y piezas anexas, la de levante contiene el refectorio y el dormitorio y en la de poniente está la sala capitular y otros cuartos menores. Por esta zona el monasterio se extiende hacia la portería, sobre la cual hay unos amplios desvanes llamados els Abadites.
De entrada, la pieza de la portería llama poderosamente la atención por tratarse de una amplia sala gótica con dos arcos diafragma y un interesante portal de arco de medio punto tapiado. Este interior está decorado al modo tradicional con sillones fraileros, bufet, arcas, etc... hay que destacar un armario gótico de mucho valor y al fondo el mueble barroco que contiene el Belén del convento de ('Olivar. Las figuras del nacimiento van ricamente vestidas y datan del siglo XVII, mientras que los postigos están decorados en sus dos caras por pinturas de buena factura.
Seguidamente se pasa a un patio muy pequeño de traza irregular que delata su origen medieval. En el se asoma un portal situado a mediana altura con restos de policromía mudéjar en el intradós, tapiado, que forma una especie de hornacina con una estatua de Santa Clara.
Por un pasadizo se entra al claustro, quedando Sa Casa des Blat a la derecha y la escalera principal del convento a la izquierda. Por la escalera y desde la sala llamada de les Tres Ordes, podemos recorrer el piso superior, situado sobre la portería. Esta zona es conocida por el nombre de els Abadites y hoy forma unos desvanes dedicados a la restauración de cuadros de la propia comunidad y un planchador para ornamentos de la Iglesia. Sin embargo la existencia de unas pinturas murales de estilo mudéjar, delatan que allí hubo unas estancias de gran importancia.
Claustro y sala capitular
El claustro forma un amplio rectángulo con huerto central donde hay un estanque y el pozo de una noria. El conjunto no presenta un carácter unitario porque sólo se encuentran completas las galerías del sur y del oeste, y no sabemos hasta qué punto puede aceptarse que el ala oriental, correspondiente al dormitorio, forme en realidad parte del claustro, pues se trata de un edificio cuyas arcadas inferiores no tienen relación con el plan general. En todo caso, hubo una simple adaptación.
La obra monumental del claustro está relacionada con la compra de la casa de Guillem de Montsó, hacia 1302, que permitió la construcción de la cocina, el refectorio y la sala capitular. Junto a esta última fue enterrada en 1307 la abadesa sor Maria Satorre.
De la galería norte sólo quedan unos pocos arcos, por lo que no sabemos si ésta quedó simplemente iniciada o si fue destruida cuando las ampliaciones posteriores de esta ala colonizaron parte del solar del huerto formando un pórtico inferior sin ningún estilo.
Los arcos ojivales aparecen sobre pilastras octagonales con capiteles muy sencillos ornados con molduras. Su tipología es muy semejante a las arquerías del palacio de L'Almudaina y las del patio del castillo de Bellver.
A la misma etapa de obras corresponde la sala capitular, que es una pieza magistral del gótico primitivo en Mallorca. En su forma original formó un cuerpo parecido a una torre, reforzado por cuatro contrafuertes angulares, que sobresalía por encima de los tejados. Su interior de planta cuadrada tenía acceso directo por el claustro a través de un portal de medio punto cuyo arco conserva moldurajes de tradición románica. En 1992 el portal fue recubierto y las molduras se hicieron visibles en su parte interior. La iluminación se obtenía a través de un par de ventanales góticos, sitos a cada lado del portal, decorados con calados polibulares.
La techumbre a cuatro vertientes está soportada por dos arcos cruzados que arrancan sobre ménsulas en los ángulos de la sala. En realidad, estos dos arcos se asemejan a cuatro arbotantes de sorprendente ligereza que coinciden en una clave central ornamentada con finas decoraciones vegetales. Durante la restauración de 1992 ha aparecido en el muro norte una pequeña ventana de arco medio punto y estrecho derrame, típica del primer gótico.
La segunda mitad del siglo XVI fue de gran actividad en el convento, realizándose una serie de reformas que podríamos llamar "modernizadoras". Con estas intervenciones se consiguió ampliar espacios, ganar comodidad y actualizar las obras hacia las nuevas tendencias artísticas. De todos modos, esta larga etapa iniciada durante el Renacimiento se prolongaría en el siglo XVII. La falta de una coherencia general dio rienda suelta a una serie de construcciones que se desarrollaron como auténticos añadidos, los cuales afectaron especialmente al ala norte del Monasterio, donde se engloba la iglesia.
La reforma renacentista trastocó la sala capitular dividiéndola con un piso. Con esta intervención se creó una pieza baja con ruda bóveda de piedra dividida en cuatro paramentos que se apoyan sobre una columna central. Se tapiaron, pues, los ventanales y la puerta gótica original, quedando convertida la sala en un simple almacén conocido en el siglo pasado con el nombre de Sa Casa des Blat. En la actualidad en una sala museo de lo que utilizaban antiguamente las monjas.
La nueva sala capitular quedó en el nivel superior, y se abrió un portal renacentista en el corredor alto del claustro para darle acceso. La reforma se culminó instalando un retablo de santa Clara realizado expresamente para el capítulo en el año 1552, según contrato de la abadesa sor Francina Santmartí con el pintor Mateu López, senior.
La escalera principal, llamada L'escala clara, da paso a dos amplias dependencias que lindan con el muro de la Iglesia. La primera llamada sala de les Tres Ordes" que nos lleva a la sala capitular. A la sala de les Tres Ordes le sigue la sala del antecoro, que es una de las más representativas del convento. Decorada al estilo tradicional, tiene una gran mesa en el centro dos armarios barrocos que proceden del monasterio de ('Olivar, varias arcas grandes y pequeñas, sillones fraileros y un bargueño muy interesante decorado con estípites antropomorfas de estilo manierista entre otros muebles. Cerámicas, tallas, imágenes, lienzos y sobre todo el espléndido retablo de la resurrección que tiene a su derecha san Bartolomé y a su izquierda san Antonio Abad. En una alacena se guarda el Belén con las figuras del nacimiento y un asombroso vestuario de época realizado a medida de las pequeñas tallas, la mayoría de los vestidos corresponden a los siglos XVII y XVIII.
En esta sala se ve el portal renacentista que da al coro alto, el cual está coronada por una cartela de diseño barroco. De aquí se pasa al dormitorio y a otras piezas menores, construidas en distintas épocas, donde está la cuineta de la antigua enfermería, el archivo, la secretaría y la biblioteca. En la antigua cocina está montada una colección que incluye más de un centenar de piezas de cerámica popular y de cobre.
Una pieza arquitectónica excepcional es el Dormidor. Es uno de los edificios más importantes del gótico del siglo XIII en Mallorca y que cuando se habla de él no sólo hay que hacerlo con referencia al interior, sino a todo el conjunto teniendo en cuenta las fachadas y planta baja.
Para entender este monumento hay que tener en cuenta la inoportunísima reforma que lo deformó en su lado oeste junto al claustro. La transformación fue profunda, pues se añadió una nueva fachada con arcos apuntados inferiores que permitió ampliar la superficie del piso alto de modo que, paralelo al dormitorio, se creó un ala para enfermería.

Refectorio
El refectorio actual y la cocina están habilitados en la planta baja del Dormidor ocupando un espacio con arcos diafragma apuntados.", Cuatro de estos y uno tapiado se ven en el refectorio y existe otro en la cocina. En el muro corredor del claustro se ven otros tantos arcos góticos, que fueron cegados por causa de esta reforma. Por tanto, observemos que la planta inferior del Dormidor formó originalmente una especie de lonja abierta que en el siglo XIII debió cumplir funciones claustrales al estar interceptada entre dos huertos. En el refectorio destaca un aguamanil decorado con azulejos muy coloristas, posiblemente del siglo XVIII.
El Dormidor forma una pieza rectangular de más de 80 metros de largo por 8 de ancho. Su amplitud contrasta con su sobriedad pues sólo un gran arco de medio punto le da empaque. Este arco, que se halla muy bien conservado, se decora con tres pequeñas cabezas de tradición románica alineadas en su punto central. Ahora cuenta con 24 celdas después de una cuidada reforma que contó con el asesoramiento del arquitecto Gabriel Alomar.
La lectura definitiva del edificio nos la proporciona la fachada oriental muy trasformada que da a un huerto donde se ven tapiados dos modelos de ventanas. Las originales del siglo XIII 19son muy sencillas, con un arco de medio punto. El otro modelo corresponde a dos finestres coronelles de doble arco que sin duda fueron abiertas en una intervención del siglo XIV2° En la parte baja de la fachada aparecen arcos apuntados que están tapiados y que corresponde a la pared del refectorio. En el huerto se ven también ruinas de edificación gótica de esta época y de una parte del convento abandonada hace siglos.
La Iglesia y el coro alto
La iglesia del Monasterio es un espacio arquitectónico que se ha ido haciendo a golpe de resolver necesidades y de dar cumplimiento a nuevos gustos arquitectónicos, más materialistas y partidarios de los resultados. Así, gran parte de su estructura gótica fue demolida en el siglo XVII, para construir la fisonomía actual de estilo barroco, de nave única con capillas y bóveda con lunetos. Sin embargo, una reforma de finales del siglo XV había afectado anteriormente al presbiterio. Actualmente, la parte más antigua conservada es el coro alto, que exhibe, desde su austeridad de muros robustos sin ornamentación, toda la majestuosidad y la fuerza espiritual de la bóveda de aristas, imponente, como pensada expresamente para acentuar el recogimiento del lugar y dar impulso vertical a las oraciones o a los cánticos de las hermanas. También es posible que una parte del campanario formara parte de la fábrica primitiva, pero no pasaría de ser el cuerpo más inferior. Incluso se supone que podría conservarse una campana datada en 1300, como lo relataba el Archiduque Luis Salvador de Austria en su descripción del convento, a finales del siglo XIX.
La primera referencia que tenemos de la capilla primitiva corresponde a un documento de 1262, mediante el cual el Papa daba permiso a las monjas para mudar la Iglesia del Monasterio, mandando al obispo de Mallorca que pusiese y bendijese la primera piedra de la misma. El poder de las devociones personales se cuidaría de proveer las capillas de la Iglesia desde el primer momento: la de San Valentín, la de Santa María, la de San Jorge, la de San Juan Bautista... Por descontado, ningún documento permite localizar estas capillas de los siglos XIII y XIV, en la actualidad ya desaparecidas.

Sala del antecoro decorada al estilo tradicional
La Iglesia conventual tal como se conserva actualmente responde a una planta de nave única de seis tramos, con ocho capillas laterales (cuatro por cada lado), doble tramo de ingreso y cabecera hexagonal. En medio de una fachada austera de tres paramentos, destaca la portada, obra del escultor Antonio Carbonell en 1671. El ingreso, adintelado, aparece flanqueado por estípites coronados por cartelas con hojas de acanto, y decorados con escamas. A manera de remate, un medallón enmarcado por un frontón curvo partido, presenta la efigie de santa Clara en bajorrelieve. Al acceder al interior del templo por el portal mayor, por cierto, nos recibe a la derecha un cuadro del siglo XVIII con la imagen de santa Inés de Asís, hermana de santa Clara.
La cubierta interior, por su parte, combina la bóveda de crucería de los dos primeros tramos de la nave y de las capillas laterales, con la bóveda de cañón con lunetos de los otros tramos, y la sección de cuarto de esfera, decorada con una concha monumental, para el ábside. Como elementos de soporte interiores significativos, encontramos los arcos de medio punto sostenidos por pilastras toscanas adosadas, que dan paso a las capillas, sobre las cuales se abren las tribunas, que presentan dobles ventanas cuadrangulares con celosías. Un arco de triunfo separa la nave del presbiterio. Las columnas gigantescas que lo sostienen presentan un fuste tripartito y una decoración de grutescos, lo que las situaría hacia el último tercio del siglo XVII (probablemente obra de Gabriel Torres, como sostienen algunos autores). La mayoría de los retablos de las capillas son barrocos. Las tablas en algún caso, son más antiguas que la decoración, como sucede con el retablo de san Jerónimo, san Juan y san Onofre, obra del taller de los López, de hacia 1570. En cuanto al retablo mayor, se halla presidido en su parte superior por una imagen de la Inmaculada Concepción, a ambos lados San Buenaventura y san Luis, obispo y en la inferior santa Clara portando la custodia y a ambos lados también, san José y san Antonio de Padua y san Francisco con el beato Ramón Llull.
El coro alto es, sin duda, el espacio más interesante de la Iglesia. Allí se custodia la tabla de santa Clara abadesa y una talla de tamaño natural de Cristo crucificado de una calidad artística extraordinaria. En el muro hay una pintura de san Antonio Abad, cuya figura representada con evidente planismo denota cánones muy antiguos.
En el campanario se hallan dos campanas, una con carácter gótico y la fecha de 1300 con la figura de san Miguel y otra mucho más moderna hecha por Isidro Pallés (Barcelona 1850). De todos modos lo más característico de la arquitectura del templo son las celosías, harto complicadas, que aparecen en el exterior.
Por último, debemos destacar la amplia Clastra del monasterio, que forma un rincón urbano de gran belleza. Varios elementos contribuyen a ello, la Iglesia, el pequeño jardín de es Campet y el portal de entrada coronado por una hornacina donde hay una pintura popular de santa Clara.
Ultimas reformas
Las últimas reformas efectuadas con ayuda del Govern de les Illes Balears. Conselleria d'Obres públiques. Habitatge i transports en el año 2003-2004 han sido rehabilitar el claustro del ala norte .21 Era un corredor donde las monjas de obediencia tenían las celdas de trabajo, últimamente servían como trasteros, todo esto ha sido demolido y restauradas las columnas y arcos.
Ahora estamos en espera de subvenciones, para arreglar los tejados del Dormidor, el antecoro y la sala de les Tres Ordes, que amenazan ruina .
¡Nos despedimos!
Muchas más cosas se podrían decir, sólo he querido hacer una breve reseña de la historia y estancias de nuestro monasterio que a todo el mundo llama tanto la atención por su antigüedad y su belleza, pero lo más importante es el valor excepcional de lo "poquito" que he dicho y es que estas "piedras hablan de Dios". Mucha gente se pregunta que hacemos aquí, pues yo les diría algo muy sencillo, simplemente, "estamos ahí," no nos proponemos cambiar la historia sólo queremos revelar a Dios como el fin secreto y escondido de nuestras vidas y esta es nuestra justificación, estamos con Dios, estamos llamados a permanecer en el Amor de Dios. Por eso no hacemos nada en particular; nuestras vidas no tienen configuración y significado en el escalar puestos, somos simplemente hermanas y no aspiramos a más. La celebración Eucarística, la celebración de la liturgia es el centro y ápice de nuestra vida fraterna. Es el canto del Oficio, varias veces al día, lo que muestra la belleza de ser individual y comunitariamente templos para que la gloria de Dios more allí. Queremos anunciaros el final de los tiempos, este encuentro con Dios, como decía un autor: "los monjes están como esas gentes que esperan la parada del autobús. Sólo el hecho de que estén allí indica que el autobús debe llegar con toda seguridad. Es quizá en esa ausencia de sentido, donde se revela en nuestra vida una plenitud de sentido. "Todo, como la tumba vacía, anuncia la Resurrección o el destello en la órbita de una estrella, señala al invisible planeta".
Agradecemos a Dios y a tantas personas que providencial mente de un modo espiritual o material, nos han ayudado. Pedimos al Señor, a la Stma. Virgen y a nuestros seráficos Padres Santa Clara y San Francisco, nos ayuden a que las piedras del Monasterio de Santa Clara sigan hablando de Dios.
Una Hermana del Monasterio.
