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La gracia de los orígenes

Celebrando los 800 años de la aprobación de la Regla franciscana acudimos a la invitación de los hermanos del convento de Santo Espíritu del Monte de Gilet para escuchar unas conferencias que nos hablaran de los primeros momentos de la Orden. Había mucha gente. La sala estaba completamente llena.

El Hno Julio Micó, capuchino que reside en Alicante nos habló del momento que vivía la Iglesia cuando viene al mundo Francisco: las investiduras, los movimientos pauperísticos que intentan crear una iglesia paralela pobre y sin poder.

El Hno Julio Micó durante su exposición.

Francisco copió todos los elementos de estos grupos: son itinerantes, guardan una pobreza absoluta, realizan una lectura del evangelio de forma radical, comunican su experiencia por una especie de predicación. Pero se diferencia claramente de ellos por su obediencia a la Iglesia.

El sueño de Francisco no era Dios. Él no intenta entrar en el clero secular o en un monasterio. Tampoco pretende ser eremita. Pretende una posición social elevada y la única forma que podía lograr eso era participando en una guerra. Por eso se alista en dos ocasiones para participar en las luchas de su tiempo. Dios le buscaba cuando él no buscaba a Dios.

En Espoleto, camino de la segunda empresa militar, es cuando tiene la visión que le llama a servir al verdadero Señor, el que le puede realmente ennoblecer.

Comienza a buscar en el evangelio los mismos textos que usaban los movimientos pauperísticos. Busca en la oración una experiencia de Dios. Busca la fraternidad con los hombres, de ese hombre que es un lobo para el hombre. Gubbio es la plasmación de la paz entre los grupos de lobos, ricos y pobres. Y predican penitencia a los hombres, comunicaban su experiencia de vida, la vida según el evangelio.

El Hno Ángel de Pinedo habló de los Retos del franciscanismo hoy. Nos dió un esquema para poder seguir sus palabras. Algunas frases me llamaron la atención y las fui escribiendo.

Habló de cómo Francisco supo aprovechar aquella época tan turbulencia, de tantos cambios. Lo que para otros habría sido ocasión de perderse para Francisco fue una oportunidad. Supo responder a las preguntas e inquietudes de la gente con su vuelta al evangelio cercano, no erudito; supo andar con cariño entre las personas; vivió caminante, itinerante en un mundo redimido por la cruz de Cristo, en un mundo moldeado por Jesús.

El Hno Ángel de Pinedo

Estudiando los nombre que Francisco da a Dios nos da a entender el rostro que el tiene de Dios. No es el Dios de las Cruzadas, un Dios intolerante. Es un Dios hermano, todo gozo, paz.

Francisco dedicó toda su vida a la búsqueda de Dios. No sólo la primera época, lo que podríamos llamar el momento de su conversión, sino que esa búsqueda abarca toda su vida. Nada más volver de Roma donde el Señor Papa les ha aprobado aunque sólo verbalmente (no se conoce documento escrito de esa forma de vida) comienza a preguntarse si debe retirarse a un eremitorio o debe predicar. Toda su vida vive la fe como búsqueda sin llegar a vivirla como posesión. Reza al Señor para que nos encuentre vigilantes.

El don del evangelio lo junta con el don de los hermanos. En las ciudades nacen los gremios, fraternidades para ayudarse mútuamente en plan de igualdad. En ese momento nace la conciencia personal (y la confesión personal tal como la tenemos ahora). El otro es para mí un hermano (antes de ser un enfermo, un pecador, uno de otra religión.

Los textos evangélicos que considera son elegidos cuidadosamente. No hay nada casual ni aleatorio como puede desprenderse de algunas fuentes. El Señor me llevó entre pobres y leprosos concretos. Cristo se hizo hermano mío abajándose, haciéndose pobre. Debe educar sus deseos (el hombre de hoy deja que la tele con sus anuncios le eduque y enseñe lo que tiene que desear. Acumular crea la guerra. Compartir en el origen de la paz. La pregunta concreta es: ¿Dónde dormirán hoy los pobres?

Habla a la gente sencilla de cosas sencillas. No habla en los despachos sino en los caminos, junto a los campos. Que trabajen con las manos. Que no sean jefes en las casas donde vayan a trabajar. Que puedan vivir la fe desde la irrelevancia. No son personas importantes. No tienen solución para todo.

Tras la exposición de los dos ponentes y tras un breve descanso nos volvimos a reunir para un diálogo con los ponentes. Actuó como moderador D. Juanjo Bolinches. Los ponentes intentaron responder a las preguntas de los asistentes. Pero como Francisco, sin tener solución para todo.

Y luego compartimos mesa en el comedor que el convento tiene para la casa de espiritualidad. Luego los hermanos de la casa nos dejaron ver una pequeña "exposición" donde habían agrupado pequeños detalles de arte franciscano que se encuentra en momentos normales esparcidos por la casa, adornando y recordándonos al Hermano de Asís.

Puede ver estas y otras fotos un poco más grandes.