Portada > Actividades > Pascua en Chelva

La Pascua en Chelva 2005

En la vida de una persona es necesario hacer un STOP y que mejor tiempo para detenerte que la Semana Santa.

Desde hace años el carisma de SAN FRANCISCO siempre me ha llamado la atención. Me comentaron que los hermanos franciscanos organizaban la Pascua franciscana en el convento de Chelva. Decidí ir junto con unas amigas, cual fue mi sorpresa que era el convento más antiguo de España. Llegamos el jueves a la hora de comer, nos recibió el hermano Juan Carlos.

Después de comer empezamos a preparar la celebración de la Cena del Señor. J. Carlos repartió los trabajos en grupos, esa tarde me toco preparar junto con otras personas las lecturas. A las siete de la tarde comenzamos la Eucaristía, con el lavatorio de manos (no pies) incluido, en ese momento empecé a sentirme como en casa. En aquella celebración se me comenzó a remover muchas cosas en mi interior. Por la noche fuimos a la hora Santa con la comunidad de Chelva, experiencia maravillosa de unión con la gente del pueblo.

El Viernes Santo hicimos el VÍA CRUCIS como la noche anterior con las personas del pueblo, en la Ermita del Calvario, donde cada uno preparó una estación con alegría y cariño, una vez arriba el hermano Fernando nos explicó el lugar donde vivieron dos hermanos muy queridos en Chelva , Sebastián y Juan.

Por la tarde preparamos los oficios del Viernes Santo, todo con sencillez, honestidad y mucha alegría. El hermano Wenceslao preparo una CRUZ para mí la más bonita. Esa noche, delante de la cruz, mi corazón se llenó de misericordia y experimenté cómo el Señor se hacia presente en aquella humilde cruz. Después de cenar nos dijeron de hacer una oración en el sitio donde fueron martirizados seis hermanos franciscanos de esa comunidad en Chelva, fusilados en agosto de 1936 en los alrededores de dicha población. Esta experiencia no se puede expresar en palabras, hay que vivirla. Esa noche estuvo cargada por mi parte de sufrimiento y emoción. No me podía explicar cómo se puede querer tanto al Señor, y dar la vida por amor, como se repetía la historia del Calvario de Jesús y vivirla tan cerca. Fue una experiencia que no olvidaré: me ayudó mucho como se hizo la oración por parte de los hermanos, que transmitían todo su sentimiento interior en aquella noche, gracias. Volvimos al convento todos en silencio. Yo me pasé todo el camino dando gracias a Dios por aquel regalo del Calvario. Me veo limitada al transmitirlo.

El Sábado Santo estuvo lleno de sorpresas. El Señor y San Francisco los encontraba por todos los rincones del convento por medio de las personas, el contacto con la naturaleza, la austeridad del lugar y sobre todo por la espiritualidad franciscana y las obras transmitidas por los hermanos.


Momento de la celebración de la Pascua

Dedicamos la mañana a reflexionar por los alrededores del convento. Fue día de silencio y oración. Después de comer preparamos la Vigília Pascual en grupos como los días anteriores, siempre en grupo y aportando cada uno lo que es y lo que siente.
Antes de cenar pusimos en común nuestras experiencias de esos días. Fue muy fraternal y emocionante, estaba tan llena de vivencia y sentimientos tanto negativos como positivos que no me atrevía a decir nada. No pude, el amor del Señor era demasiado fuerte en ese momento y me sentía muy débil, triste y pequeña. Me acordé del libro “SABIDURIA DE UN POBRE”, en que Francisco le dice al hermano León “la tristeza de no ser perfecto y de encontrarse pecador es un sentimiento todavía humano, es preciso elevar tu mirada más alto mucho más alto. Dios, la inmensidad de Dios y su inalterable esplendor”.

A las once de la noche celebramos la Vigilia Pascual. Fue intensa y llena de signos de Jesús resucitado .Me sorprendió y me alegré cuando nos comunicaron que Pablo, un niño de Benissa iba a hacer su “Primera Comunión” en la noche de la Vigilia. Qué alegría que un niño opte a su edad salirse de la corriente de lo que arrastra la sociedad respecto a la primera comunión y la decidiese compartir con todos nosotros. ¡Enhorabuena Pablo! Al terminar lo celebramos con una buena chocolatada.

El Domingo fue la despedida, aquello se terminaba y teníamos que volver a nuestras casas, a nuestros trabajos, después de pasar todos estos dias compartiendo con gente que no conocías y que enseguida forma parte de ti, porque te une la Fe, las inquietudes, el cariño, etc.; te juntas para celebrar la Muerte y Resurrección del Señor, es un hecho que nunca puedes olvidar.La Pascua de Chelva me ha ayudado a entender y vivir más cerca el Evangelio. La sencillez de la vida ha sido una experiencia que nunca olvidare. Gracias a los hermanos Juan Carlos, Fernando y Wenceslao, y a todo el grupo, incluidos todos los niños que son un encanto.

María