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A modo de proyecto

Este proyecto de Fraternidad Franciscana de Chelva está compuesto por personas de diferentes estados de vida: laicos, religiosas franciscanas de la Inmaculada, y religiosos franciscanos. En él se hallan integrados personas con inquietudes por vivir su día a día con sentido, desde unas opciones muy concretas como son Jesucristo y el Evangelio y desde un estilo también concreto como es el de Francisco y Clara de Asís.

Está integrado mayoritariamente por personas que se hallan entre los 20 y los 40 años, y en el que también se encuentra un buen grupo de niños, hijos de los anteriores. El proyecto es crear una fraternidad franciscana de hecho, que puede llegar a serlo de derecho.

El objetivo fundamental para llevar a cabo este proyecto es el encuentro de aquellos a los que el Señor llame y que decidan comprometerse, de manera que ello nos ayude a crecer como personas, como creyentes y como simpatizantes del carisma franciscano.

¿Qué supone ser una fraternidad franciscana?

Los medios con los que contamos para llevar a cabo esta propuesta son cuatro:

1. El trabajo: el aprecio al convento pasa por contemplar las posibilidades que tiene para muchas cosas. Dado que se encuentra en una situación de restauración, creemos importante lo siguiente:

2. La reflexión: todos necesitamos encontrar sentido a las cosas, a lo que hacemos y vivimos. A ello nos ayuda sin duda la reflexión, la meditación, y también la oración. Por ello, y para dar sentido a lo que nosotros somos como cristianos y como franciscanos, consideramos importante tener espacios de reflexión.

El proyecto pasa por crecer en nuestro sentido de pertenencia a una espiritualidad y a un carisma concreto como es el franciscano. Para ello nos serviremos del libro titulado “Vocación franciscana” del franciscano capuchino Lázaro Iriarte. Es un libro que presenta los temas principales de la espiritualidad franciscana. Lo trabajaríamos durante este año, y al final evaluaríamos. El sentido u objetivo de este libro es ponernos todos en la onda de lo que supone vivir el carisma franciscano para nuestros días.

Tampoco se descartan otro tipo de materiales que ayuden a la reflexión en la dirección antes señalada.

3. El descanso: entre el trabajo y la reflexión también habrá tiempo en el que no habrá mucho que hacer, lo cual también es necesario y oportuno.

Este tiempo también es precioso para continuar compartiendo con el resto de personas que, quizás porque no hemos coincidido en el trabajo, quizás porque no hemos tenido ocasión de reflexionar con ellas, en ese momento hallamos la oportunidad para hacerlo. Facilitarnos el trabajo, facilitarnos la reflexión, facilitarnos el descanso son medios para lograr el objetivo general de sabernos vinculados unos a otros.

4. La celebración: también sabemos que cuando vivimos algo durante un tiempo que nos resulta significativo, necesitamos compartirlo por medio de una celebración.

Tanto lo vivido en nuestros hogares y trabajo, como lo compartido en Chelva lo queremos expresar en una celebración.

Ello supone buscar y plasmar formas de celebración que realmente expresen esa vida. Para ello, el compromiso es que todos participemos en la misma, que sepamos integrar a todos los miembros de la fraternidad, que sepamos recoger los problemas de la gente que más sufre, que también sepamos abrirnos a otras personas que deseen compartir esa celebración con nosotros...
De este modo, lo que celebraremos será síntesis de lo vivido y también tarea para continuar en el futuro acogiendo los desafíos que desde el mundo y desde la fe se nos plantean.

Y, ¿cómo se va a concretar todo esto? La metodología que planteamos es:

Esto supone un pequeño trabajo en casa: la lectura del capítulo que tenemos para esa sesión y la respuesta a las preguntas planteadas en la sesión anterior.

Otras cuestiones de interés:

Conclusión:

Todo camino comporta una serie de riesgos pero también un porvenir. Nada es fácil en esta vida, y cuando uno quiere una cosa, sabe que ha de trabajarla y pagar un precio por ella, porque intuye que lo que va a pagar es nada en comparación con lo que va a recibir. Por eso, afrontamos los riesgos de crear unos lazos entre personas heterogéneas, plurales, lo que comporta cuidar la acogida, la escucha, la comprensión. Pero también sabemos que los que aquí nos encontramos estamos convocados por el Espíritu. Es Él lo que nos une, y consecuencia de ello, vendrá la amistad personal. Y porque nos sentimos llamados a participar en este proyecto, estamos confiados en que el porvenir será rico. Porque en la medida en que lo pongamos en manos de Dios, nos confiaremos unos a otros y de este modo se producirá el milagro de la fraternidad.