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17 - 18 dic 2012
Este mes el encuentro fue un poco especial y distinto a los anteriores en cuanto a su forma y contenido como veremos a continuación:
El sábado por la tarde nos dedicamos a preparar las cuevas bajo la dirección de Charli para la celebración de la noche.
Concluida esta tarea bajamos al convento y al calor de la estufa hicimos un pequeño balance y reflexión del grupo y del trimestre. Evaluamos el tema de la misión y nos damos cuenta de la importancia que tiene para cualquier cristiano en general y para nosotros en particular esta realidad de presentar a Jesucristo al estilo de Francisco y Clara de Asís a nuestro mundo.
Fueron dos largas horas de diálogo, de inquietudes y de búsquedas, que dieron paso a la preparación de la cena.

En la cueva de Belén (y de los Mártires)
No nos entretuvimos demasiado en la cena, pues después teníamos preparada una oración navideña. Para ello, nos servimos del relato de Celano en la primera vida de San Francisco para introducirnos en el misterio de la encarnación del Señor. Este acontecimiento es que todos señalan como el que sentó precedente a la hora de representar los belenes y de colocarlos en las casas. Francisco no se dedicó simplemente a recrear cómo sería en Belén aquel día memorable, sino que lo que hizo fue celebrar la encarnación a través de la eucaristía. A aquella cita las gentes de Greccio se dieron cita con antorchas encendidas en medio de la fría noche. Nosotros, también con antorchas, nos dispusimos a ir a la cueva y ante el altar de los mártires, celebrar este misterio de vida.
Todo estaba bien dispuesto: se leyó el evangelio, se realizó una predicación, se hicieron unas peticiones y nos abrazamos como personas hermanas por un amor que nos trasciende, supera, plenifica.
Felices por aquel encuentro, volvimos a encender nuestras antorchas y regresamos al convento donde se continuó la convivencia, por medio de la charla animada al calor de la estufa. Fue un momento muy especial y muy emotivo el vivido por todos esa noche.

Árbol de navidad cargado de buenos deseos.
El día siguiente amaneció frío pero con un sol radiante. Lo pudimos aprovechar para realizar algunas tareas del campo: podar la higuera, quemar ramas y hierbas, arreglar cosas de la casa… No dio para mucho, pues a las 12,30 teníamos previsto celebrar la eucaristía. El curso pasado no pudimos celebrar los eventos de los miembros de la fraternidad y lo dejamos para este momento. Así, reunidos en la iglesia del convento, con una ambientación muy bonita, y con una participación muy intensa por parte de los más pequeños, la iniciamos dando gracias a Dios por el nacimiento y bautizo de Iris, la primera comunión de Santiago y la confirmación de Álvaro. Ellos nos hablan de la presencia real de Dios en medio de este mundo, y con ellos nos alegramos ese día de manera especial. También recordamos a todos los miembros de la fraternidad que no se pudieron hacer presentes.
En la parte de la reflexión, los pequeños fueron colocando al árbol de navidad una serie de regalos que deseábamos todos con fuerzas para nosotros y para todo el mundo: la paz, la bondad, la felicidad, la fe, el amor… los auténticos y verdaderos regalos sin los que la persona puede vivir. Gracias por recordarnos lo importante de la navidad, de la vida.
Finalmente, lo compartido en la eucaristía se continuó haciendo fiesta en la mesa. Dos paellas riquísimas además de no sé cuántas cosas más, fueron las que nutrieron nuestro cuerpo.
Damos gracias a Dios por este fin de semana intenso en el que continuamos pidiendo la luz del Espíritu que nos lleve a saber dirigir nuestros pasos iluminados por su acción.
