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21-22 ene 2012
Los días 21 y 22 nos reunimos los miembros de la fraternidad de Chelva para llevar a cabo nuestra convivencia del mes de enero. Sabíamos que teníamos un condicionante fuerte: la celebración de la fiesta de San Antón (San Antonio Abad) y eso impediría a los chelvanos subir al convento. A ese condicionante, se unió otro que afectó a más de uno: la manifestación en Valencia la tarde del sábado en protesta por los impagos sistemáticos de la Generalitat a la educación pública, causa a la que mostramos nuestra más auténtica simpatía. Por la tarde fuimos llegando de manera progresiva y a eso de las 17,30 horas nos sentamos a trabajar. Este mes teníamos por delante la tarea de revisar las conclusiones que sacamos el mes anterior. Fueron dos horas intensas de ideas, experiencias, propuestas, discernimiento… Ahí vamos, profundizando en lo que Dios nos pide y en lo que nosotros podemos dar. Reseñar que contamos con la presencia de un joven de Honrubia, David, que venía con la familia de Juan Carlos, y que disfrutó bastante de ese día entre nosotros.

Tras la reunión, vino salir para Chelva, pues si los chelvanos no venían a nosotros, nosotros íbamos a los chelvanos. Reme y José Vicente nos habían invitado a cenar junto a unos amigos en su casa y a participar de la fiesta de San Antón. Cuando pudimos aparcar, llegamos a su casa, junto a la plaza y allí pudimos asistir a la encendida de la primera hoguera del pueblo. Progresivamente se fueron prendiendo todas y con ello vino una gran cantidad de humo, de calor, de colorido y de fiesta. Todo el pueblo estaba en la calle, todo participaban de esta fiesta, y mucha gente había venido de fuera para asistir.
Para la fraternidad era también una oportunidad de compartir con las gentes de Chelva, y así lo pudimos realizar y disfrutar. Tras una abundantísima cena con carne a la brasa, asistimos a un cuenta-cuentos que hizo las delicias de todos. A pesar de ser un cuento clásico, de esos de princesas y caballeros, y brujas, y dragones, nos lo pasamos de lo más bien. Creo que todos nos convertimos un poco en niños, y los actores voluntarios bordaron el papel (nos ahorramos comentarios en este sentido).

Algunos se quedaron junto al fuego, otros fuimos a ver otra tradición en esa noche: "el empujón". Se trata de ir tras la rondalla por las callejuelas angostas de Chelva y en un momento determinado un grupo de jóvenes tapona la calle y los que vienen detrás se van acumulando y apretando. Sería difícil calcular el número de gente, pero había mucha a esas horas haciendo ese recorrido.
Tras la visualización por parte de algunos y la participación en "el empujón" por otros, regresamos a casa para descansar, muy agradecidos a José Vicente y Reme, a Ximo y Pilar por la acogida tan fantástica que nos brindaron, y por todo lo vivido en esas horas.

La mañana apareció fresca y con un sol radiante. Nos levantamos algo tarde, preparamos la oración de los laudes junto a la higuera, y tras dar gracias a Dios por el nuevo día y por la vida de San Vicente Mártir, nos dispusimos a trabajar: campo, camino, comida, arreglos varios en la casa… Se cortaron varios pinos que están amenazando a la balsa, se recogieron las naranjas y se dio barniz a las ventanas. También se arreglaron los olivos.
A las 13,15 dimos inicio a la eucaristía en la que nos sentimos afectados por las palabras del evangelio: "y dejándolo todo le siguieron de inmediato". Nosotros, discípulos de Cristo, queremos seguirle en aquello que descubrimos que nos sentimos llamados, porque en hacer su voluntad es donde encontramos nuestra felicidad y la de los demás.
Con la comida dimos por concluida la convivencia con la alegría de lo compartido y con el deseo de un próximo encuentro.
