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Año 2005

Entre los días 20 al 30 de agosto hemos realizado este año la Experiencia Franciscana en la ciudad de Asís.

Este año hemos sido un grupo de 9 personas las que hemos viajado hasta la patria de Francisco y Clara. Con un número tan reducido de miembros hemos tenido que ingeniárnoslas para que el precio no se nos disparase, y por ello el viaje lo realizamos en dos coches uno de alquiler y el otro puesto a disposición del grupo por uno de los miembros del mismo. La suerte que hemos tenido es que venían dos conductores experimentados, Miguel y Alex, que han sido los chóferes del grupo.

El viaje lo comenzamos el sábado día 20 desde la Valencia hasta el monasterio de las clarisas de Vilasacra, cerca de la Junquera, que nos acogieron como verdaderas hermanas.

El día siguiente reanudamos el viaje hasta Asís, con una parada en Florencia.

En Asís nos instalamos en una de las casas de autogestión que tienen las hermanas Franciscanas Misioneras de María detrás mismo de la Basílica de Santa María de los Ángeles en la Porciúncula. La casa “Nazaret” ha resultado ser acogedora y cálida para la experiencia.

Allí hemos pretendido fomentar en el grupo actitudes esenciales en el carisma franciscano. Por ello el día se iniciaba con la oración de la mañana y la misa, en la que varios días nos hemos unido bien a los hermanos de la Porciúncula, bien a los de la Basílica de san Francisco. Ha sido siempre un momento sosegado de encuentro con el Señor que marca nuestra jornada. Después de desayunar comenzamos el trabajo doméstico distribuido en dos grupos: cocina y limpieza de la casa. Como buenos hermanos que quieren conocer a Francisco, el trabajo manual y comunitario es un medio ideal. Después del trabajo, los días que hemos estado en el mismo Asís, hemos tenido un tiempo de reflexión en torno a un tema. La tarde la hemos dedicado a las visitas: la Porciúncula, San Francisco, Santa Clara, San Damián...

Tres días de nuestra estancia los hemos dedicado a recorrer lugares franciscanos fuera de Asís: el Valle de Rieti (Poggio Bustone, Fonte Colombo, Greccio y la Foresta), la Verna y las Cárceles. Estas salidas han servido para admirar la belleza de los parajes, para retirarnos por el bosque y orar, y, sobre todo, para celebrar la fe común en los mismos lugares en que Francisco se retiraba. En estas salidas hemos visto lugares pobres y sencillos que aún conservan muy vivo el rescoldo de la espiritualidad minorítica del Pobrecillo, y, sobre todo, hermanos y hermanas que mantienen el recuerdo vivo de Francisco.

Llama la atención en estos lugares como, después de ocho siglos, siguen siendo un imán para todos aquellos que buscan a Cristo según la espiritualidad de Francisco. Y sobre todo como sus gentes mantienen vivo el recuerdo del Pobrecillo después de tanto tiempo. De hecho, nos contaba un hermano del convento de Poggio Bustone como la víspera del día de san Francisco el alcalde de éste hermoso pueblo junto a un hermano menor y acompañados por los instrumentos típicos de la zona, recorren todo el pueblo saludando a sus habitantes, casa por casa, como lo hizo Francisco en su época con el saludo de “buenos días, buena gente”.

Por último quisiera destacar la celebración de la Eucaristía que cada día teníamos. Han sido momentos intensos y hermosos de acción de gracias. A veces en medio del bosque como en la capilla de las Cárceles, a veces en lugares cargados de historia franciscana, como en la cueva de san Buenaventura en la Verna, o uniéndonos a las comunidades religiosas que mantienen los santuarios.

No cabe duda que es una experiencia que nos obliga a mirar la vida de otra manera, desde la sencillez, la fraternidad y la minoridad vividas desde el amor a Dios. La verdad es que lo demás deja de ser demasiado importante. Sólo Dios basta.