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SANTO ESPÍRITU del Monte, Gilet
Los días 7 y 8 nov 08 tuvo lugar en Santo Espíritu del Monte una convivencia vocacional en la que estuvimos involucrados unas ocho personas. Cuatro jóvenes venidos de varios puntos geográficos, dos postulantes de nuestra Provincia y los hermanos organizadores.
Nos reunimos el sábado por la mañana, aunque hasta principios de la tarde no nos juntamos todos. Nos distribuimos el fin de semana entre charlas, reflexiones compartidas, tertulia más relajada y oración.
Se entregó unos materiales y se realizó unos comentarios sobre los mismos. Pero lo más enriquecedor fue la posibilidad de escucharnos a unos y a otros en las motivaciones que nos habían reunido ese fin de semana y en la experiencia de Dios y de la vida que cada cual traía. Tratamos de ver en todo ello cómo Dios se hace presente, cómo nos va hablando a través de los diversos acontecimientos de la vida, por muy duros y complejos que puedan llegar a ser; y cómo este Dios de Jesús nos acompaña y nos ama hasta el punto de permitirnos responderle a tanto don.

De izquierda a derecha: José Juan (franciscano), Carlos (de Zaragoza), Adolfo (de Foios), Vicent (de Oliva), Luis (postulante), Vicente (postulante), Pacheco (de Foios) y Juan Carlos tras la cámara (franciscano)
Lo que recibimos de Él es lo que motiva la reunión de este grupo de ocho personas. Y lo que recibimos de Él es lo que nos lleva a repensar nuestra historia para ver la respuesta que le damos. Responder se hace necesario. De una manera u otra hemos de hacerlo, por ello, lo que hemos tratado durante este fin de semana ha sido de profundizar en nuestras motivaciones más profundas para ver si nuestra respuesta se ajusta efectivamente a lo que Dios nos está pidiendo, o si, por el contrario, son respuestas a nuestros deseos o a nuestra imaginación. Sabemos que no es fácil, pero también sabemos que quien pide recibe y quien busca encuentra. Este es el itinerario de unos y de otros: buscadores de la fuente que es Dios para saciar la sed que Él mismo ha provocado en nosotros. Esto es una tarea, es una responsabilidad, pero ante todo y por encima de todo, es una urgencia que se le plantea a la persona y que la toma como el inicio de ese pago tras el cual sabe que se va a encontrar con el tesoro tan preciado que siempre había soñado tener.
Esta historia personal queda afectada por la presencia de Dios, pero también queda iluminada por la figura de San Francisco. Todos los que allí estábamos participábamos de esta misma inquietud: la admiración por este hombre pequeño y simple, que fue capaz de conmover a toda una sociedad viviendo el evangelio del amor, de la pobreza, de la minoridad. Encarnar el evangelio tal como lo hizo Francisco en su tiempo es algo a lo que aspirábamos todos los que allí estábamos, y es algo a lo que estamos convocados a realizar. Francisco, desde su realidad, lo supo hacer a las mil maravillas, nosotros, nos hemos animado unos a otros a llevar a cabo esta búsqueda y esta tarea, dejándonos iluminar por el Espíritu de Dios.

Imagen preciosa con Sagunto y el mar al fondo tomada desde el Pico de la Cruz
El mismo Francisco fue el que nos ayudó a realizar esta tarea por la noche, tras la cena, en una oración en la que su vida y su palabra estuvo totalmente presente, así como la de Jesucristo. Escuchamos y participamos de aquel acontecimiento según el cual, el santo de Asís reconoce que Dios le llama a vivir según el santo evangelio. La emoción y alegría que le invadió era lo que nosotros también queríamos tomar para nosotros. En parte, la tarea se hizo. Ahora cada cual, en su realidad concreta, está llamado a profundizar esta experiencia recibida.

Pacheco contempla el horizonte apoyado en la cruz.
Dios continua escribiendo recto en renglones torcidos, Dios sigue llamando para que su Reino se haga extensible a toda la humanidad. El don recibido este fin de semana seguro que nos sirve a unos y a otros para darles mayores gracias y para profundizar en nuestra condición de hijos de Dios llamados a desarrollar una vocación y una misión en el seno de la Iglesia y para el bien del mundo.

Contentos por lo vivido, cada cual regresa a su casa y a sus tareas.
