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7 y 8 feb 2009

Tal como teníamos previsto, los días 7 y 8 de febrero se celebró la convivencia vocacional en Santo Espíritu del Monte. Acudieron cuatro jóvenes con ganas de discernir su vocación, y de compartir la experiencia de Dios que cada cual tenía.

El sábado fue día de reunirse, de llegar y de situarse. Fue día de reflexión personal precedida de unas breves indicaciones introductorias al material entregado. Mañana y tarde para la reflexión personal hasta las 18,30, hora en que nos reunimos todos para compartir aquello que llevábamos dentro y que más nos había llamado la atención.  Este momento fue intenso, denso, profundo y comprometido. Hasta las 20,45 horas estuvimos compartiendo experiencias, realizando reflexiones, confrontando la vida. El servicio que nos hicimos unos a otros fue muy bueno, y fue un gran estímulo para todos a la hora de poner luz en nuestro particular discernimiento y vivencia de la vocación.

La noche también fue otro momento importante de la convivencia: no hablamos de Dios, sino que tratamos de hablar con Dios dejándonos llevar de la mano de Jesucristo y de Francisco. Textos de uno y del otro que proporcionaron la luz y el sentido necesarios para vivir con autenticidad nuestra vida.

El domingo fue otro día intenso e interesante. Con la invitación a los postulantes para que compartiesen su experiencia vocacional, se dio otra “vuelta de tuerca” a lo que el día anterior se había estado tratando. Los tres postulantes narraron de una manera sencilla su vocación, y a partir de ese momento se produjo un intercambio en forma de preguntas en una dirección y en otra, un compartir de experiencias personales… Fueron dos horas muy intensas las vividas en aquella sala, y creemos que mucho el bien que nos hicimos unos a otros. Expresiones de unos y de otros así lo hacían ver.

A las 12,00 horas cortamos la conversación para prepararnos para la eucaristía. La comunidad celebra a las 12,30 horas y, en una iglesia llena de gente, este pequeño grupo de personas tocadas por el amor de Dios, celebró junto a ellas la muerte y resurrección de Jesús. Momento de agradecimiento y de renovación de lo dicho y compartido en los dos días. Momento para hacer recapitulación de todo lo compartido y de poner la propia vida en manos de Dios, expresión que también salió con mucha frecuencia en las horas de compartir.

Damos gracias a Dios por todos y cada uno de los que hemos hecho posible este encuentro. Confiamos en que todos podamos tener algo más de luz para discernir nuestra vocación y así poder responder con mayor radicalidad y generosidad al Dios de la vida que nos llama y nos convoca con su amor. A Él sean dadas las gracias por cuanto de bueno hace en y a través nuestro.