Apunte 5. Fundamento bíblico de la misión franciscana

Indice

1. Conceptos evangélicos. El verdadero comienzo
1.1. Los consejos evangélicos
1.2. El verdadero comienzo: Los profetas bíblicos

2. La vocación de Israel
2.1. Escuchar
2.2. Guardar la alianza
2.3. Ser sacerdote
2.4. Ser santo

3. Los sacerdotes

4. Los profetas
4.1. Los profetas singulares
4.2. Comunidades proféticas
4.3. Compromiso profético con los pobres y la justicia

5. La intención profética del Nuevo Testamento
5.1. Jesús y sus apóstoles
5.2. La Iglesia

6. Las Ordenes religiosas, comunidades proféticas
6.1. El cambio de la situación
6.2. El modelo de la Iglesia primitiva

7. Francisco de Asís y su movimiento
7.1. Lo profético de Francisco de Asís
7.2. Lo profético de Clara de Asís
7.3. El movimiento franciscano ¿es profético hoy?

1. Conceptos evangélicos. El verdadero comienzo

Es realmente extraño ver que la vida de las Ordenes religiosas no aparece por ninguna parte en la Biblia y por lo tanto resulta más extraño aún es que esta vida religiosa sea para muchos una clara nota distintiva de la Iglesia.

1.1. Los consejos evangélicos

Está ampliamente difundida la creencia de que Jesús estableció la vida religiosa por medio de lo que luego se conoció como los "consejos evangélicos", concepto que es erróneo y que se puede interpretar mal. La generalidad de los especialistas en el Nuevo Testamento se oponen decididamente a la idea de que existan algo así como dos diferentes discipulados o dos espiritualidades, entre las cuales deben elegir los apóstoles de Jesús. En esta discusión estaba implicada la esencia misma de la Iglesia naciente. La epístola a los Gálatas, la "carta magna" de la libertad cristiana, es un claro indicio de esto. Con mucho énfasis Pablo refuta la interpretación de San Pedro: No se debe dividir la comunidad eclesial entre unos que solamente quieren vivir el Evangelio y aquellos que lo quieren encasillar en reglas (cf. Ga 3).Según Pablo, se debe elegir entre dos posibilidades:

No existen por tanto dos caminos hacia Dios, sino una espiritualidad general, común y unida. Un estudio minucioso demuestra que esto en realidad no da pie para una diferenciación entre dos grupos de cristianos, de los cuales algunos son llamados para un ideal mayor que otros. Si es que en realidad existen los consejos evangélicos... éstos se dirigen a todos los cristianos en general.

1.2. El verdadero comienzo: los profetas bíblicos

No podemos ni debemos basar la vida religiosa en algunos trozos de la Sagrada Escritura; pero esto de ninguna manera quiere decir que no tiene base bíblica alguna. Sus raíces están profundamente ancladas en la tradición bíblica. Está basada en el movimiento profético que se experimentó en Israel, el cual vivieron Jesús y sus apóstoles en su máxima expresión, y que también nos transmitió Francisco con su estilo de vida particular.

2. La vocación de Israel

Para entender la vocación profética, hay que entender primero la vocación de Israel: Ahora, pues, si me escucháis atentamente y respetáis mi alianza, vosotros seréis mi pueblo entre todos los pueblos. Pues el mundo es todo mío. Haré de vosotros un pueblo de sacerdotes, y una nación que me es consagrada (Ex 19,5s.). En este texto podemos diferenciar dos aspectos:

2.1. Escuchar

Si el pueblo de Dios no está siempre pendiente de la vocación del Creador y no lo escucha, entonces deja de ser su pueblo. La palabra hebrea por"escuchar" (=shamah), significa lo mismo que "obedecer" o "responder". Por lo tanto, lo que hace que el pueblo sea pueblo de Dios es, sobre todo, la sinceridad para con él. Estamos en el tiempo reservado para Dios, para escuchar lo que su voz dice aquí y ahora.

2.2. Guardar la alianza

Lo que en realidad significa la palabra hebrea "alianza" (=berith), es muy difícil de explicar. San Pablo en su tiempo, la tradujo como "diatheke", o sea "testamento", queriendo explicar el misterio de nuestra relación con Dios y entre nosotros mismos. Pero cómo denominar en palabras lo inexplicable que es el secreto de la vida?

El Antiguo Testamento se esmeró por encontrar ejemplos, tal como Oseas, quien compara la relación de Dios y el hombre con la relación amorosa entre un hombre y una mujer. Dos personas se unen para llevar una vida en común, no solamente en el plano sexual, con el que celebran su amor, sino en la totalidad de su vida juntos. Pero Oseas también reconoce, que cualquier comparación es insuficiente y por eso trata de explicar con otro ejemplo: el amor de los padres hacia sus hijos (Os 11).

Tal vez podamos hacer comprensible la palabra "alianza" con "comunidad", aunque también ésta tiene varios significados y esto debe ser así, puesto que nuestra relación con Dios también tiene significados múltiples. Tanto los Israelitas como nosotros debemos descubrir y buscar de nuevo lo que quiere decir ser el pueblo de Dios. Tampoco nosotros estamos en capacidad de explicar lo que significa pertenecer a la comunidad del pueblo aliado con Dios y de esa manera debemos encontrar una y otra vez los caminos para celebrar y vivir la alianza. Sólo así los demás se sorprenderán de nuestra forma de vivir y de actuar y así ellos empezarán a cuestionarse su propia vida.

2.3. Ser sacerdote

Debiendo ser el pueblo de Dios un pueblo sacerdotal, es su obligación celebrar la alianza. En otras palabras, debe transmitir la realidad de Dios a través de la forma y manera en que se vive, para que otros empiecen a reconocer a Dios, al cual no se puede ver. La presencia de Dios vivo, llamará la atención de las personas en la medida en que también la comunidad demuestre esa vivencia, de cómo ama, confía, comparte y celebra. Se debe enfatizar entonces, que el ser sacerdotal, implica el anuncio de la Buena Nueva, alentando a otros a compartir con el Dios vivo entregándosele con amor y devoción. Esto no puede suceder simplemente escuchando palabras, sino viendo el ejemplo de la vida misma.

2.4. Ser santo

Esta vida debe ser santa y como dice la Biblia: "santidad" significa, pertenecer a Dios, estar impregnados en él y hacer parte de su vida y de su amor.

La santidad significa también, ver la vida desde el punto de vista de Dios, buscar un estilo de vida que parta de ese punto de vista y de esa manera se cierra el círculo: el estar impregnados en la realidad de Dios, es lo mismo que estar siempre atentos a escuchar a Dios. Incluso un gran profeta como lo fue Elías, debió aprender que Dios no siempre habla como a él le hubiera gustado (cf.. 1 Re 19).

El esperaba que Dios le hablara al pueblo por medio de una gran tormenta, en un terrible terremoto o alguna catástrofe incendiaria. Elías pensaba en un lenguaje que despertara y sacudiera al pueblo, pero Dios no lo quería así. Su lenguaje era un "susurro leve y suave".

Un buen oyente es solamente aquel, que está abierto a todas las maneras posibles a través de las cuales Dios le pueda hablar y únicamente así puede el pueblo ser santo, o mejor aún ser el pueblo de la alianza de Dios.

Francisco se aparece sobre fulgentísimo carro de fuego

3. Los sacerdotes

Dentro del pueblo existía un grupo especial, que debían desempeñarse profesionalmente como oyentes: los sacerdotes. Su principal tarea era, la de anunciar la "Tora". Desafortunadamente el judaísmo posterior confundió la Tora con la ley escrita y así se dio la impresión de que todo lo que quería decir Dios, estaba contenido en esa ley. Pero al comienzo no fue así. La Tora equivalía a la "voluntad de Dios". Otra tarea, de segundo orden, era la del servicio religioso. Cuando éste pasa a ocupar el primer plano, el anuncio de la Tora se va haciendo menos importante.

El sentido de la liturgia consiste en que debe ayudar al pueblo a celebrar su relación con Dios y con los demás, pero sin la Tora no se sabe nada de esa relación. Sin la Tora, sin escuchar la voluntad de Dios, los oficios religiosos se convierten en meros formulismos y rituales vacíos. Entonces, se cree que se puede mantener contento a Dios o incluso manipularlo. Así, el servicio religioso ya no es la expresión de una relación viva y vívida. Esa falla en la vocación sacerdotal debería llevar al pueblo a una crisis de identidad... pues contra ti es mi demanda. Tú pecas noche y día... mi pueblo languidece sin instrucción; por eso yo te echaré de mi servicio. Y como tú ya no te acuerdas de mi Ley, también yo me olvidaré de tus hijos (Os 4,4 sig.).

"Reconocer" (=yada) no significa un conocimiento teórico, sino conocer a alguien de tal manera, que dos vidas se conviertan en una sola. Esta palabra se utiliza en su significado más profundo, para celebrar la unión sagrada de hombre y mujer: El hombre se unió (conoció) a Eva, su mujer (Gen 4,1). El problema de Oseas no era que el pueblo no conociera el "catecismo" por decirlo así, sino que no amaba a su Dios lo suficiente. No sólo su conducta les impide volver a su Dios, sino que en su corazón ya no lo quieren, puesto que no lo conocen. (Os 5,4).

Ese significado se ve claramente en las declaraciones de San Pablo, cuando después de años de conversión dice: Quiero conocerlo (Fil 3,10). El no se queja de no tener suficiente tiempo para la investigación de Cristo, sino que añora una unión más profunda con su Señor.