Apunte 6. El origen de la misión a la luz del misterio de la Trinidad
4. La misión franciscana
4.1. La misión del movimiento franciscano
La misión de la Iglesia no puede ni debe ser otra que la prolongación y continuación de la misión de Jesús. También Clara y Francisco entienden esto. Tal como Jesús y la Iglesia, también el movimiento franciscano tiene:
- el mismo origen: el Padre
- la misma meta: aportar al ciclo del amor;
- el mismo modelo: Jesucristo y su posición respecto a la pobreza, el sufrimiento y la aceptación obediente de la muerte.
Cuando Francisco declara solemnemente, que Dios ha enviado a sus hermanos por todo el mundo (cf. CtaO 9), muestra en quién se debe buscar el origen, a saber, en Dios mismo, y qué territorios abarca su misión: todo el mundo. Su principal objetivo es el de anunciar que Dios es bueno, para alabarlo con sus palabras y obras y para "que hagan saber a todos que no hay otro omnipotente sino él." (CtaO 9). ¿Qué otra cosa es esto, sino la misión de Cristo?
El le reveló al mundo quién es Dios, sobre todo su amor, su "poder", en el lenguaje de Juan, su "divinidad", y su bondad. También a Francisco le corresponde una existencia misionera, la cual incluye el Verbo en la vida diaria. (cf. 1 R 11; 14; 17,3). Y de la misma manera Clara sabe que, a pesar de su vida oculta, las hermanas han de ser " espejo y ejemplo para los que viven en el mundo". (TestCl 6)
4.2. Anunciarles a los hombres a Dios
En su regla (1 R 21), Francisco les expone a sus hermanos un modelo de predicación, el cual pueden utilizar libremente, dependiendo, claro está, de las circunstancias y del público. Ese modelo consta de dos partes:
- la primera parte invita al pueblo a acercarse al misterio de la Trinidad: "Teman y honren, alaben y bendigan, den gracias y adoren al Señor Dios omnipotente en Trinidad y Unidad". (1 R 21 sig.).
- en la segunda parte Francisco llama a la conversión (penitencia), la cual básicamente se manifiesta en el perdón y en el amor al prójimo (cf. 1 R 3s).
En otro aparte Francisco resalta sobre todo el misterio de Dios, su majestad e incomprensibilidad. A él se deben convertir todos los hombres en una fe y penitencia verdaderas (cf. 1 R 17,17s.; 23,7-11). Es muy notorio ver que Francisco prácticamente parece reducir la fe y la penitencia, a la cual invita a los "hermanos menores y siervos inútiles", al amor y anhelo hacia Dios (cf. 1 R 23,7).
De esa manera el sermón misionero franciscano está en concordancia con el sermón de Jesús: "y conozca el mundo, que tú me enviaste y los amaste, como me amaste a mí.... y así, el amor con que me amaste estará en ellos, y yo también estaré en ellos" (1 R 22,53s. = Jn 17,23.26).
4.3. Comportarse como Jesús
Los hermanos deben saber que al anunciar a Dios, deben seguir los pasos de nuestro Señor Jesucristo, el cual llamó amigo a Judas y que voluntariamente se entregó a aquellos que lo crucificaron. (cf. 1 R 22,2). Ellos más bien deben estar preparados a sufrir cualquier clase de hostigamiento y sufrimiento, a evitar peleas y disputas (cf. 1 R 3,10; 16, 6-11). Deben someterse a toda criatura y confesar que son cristianos (cf. 1 R 16,6). Tal como Jesús, ellos deben ser humildes y pacientes de corazón (cf. Mt 11,29), deben ser apacibles, pacíficos y mesurados, mansos y humildes (cf. 2 R 3,11). "Y por su amor deben exponerse a los enemigos tanto visibles como invisibles, porque se dieron y abandonaron sus cuerpos al Señor Jesucristo" (1 R 16,10s.).
También Clara no desea otra cosa que "seguir los pasos de Cristo y de su santísima madre" ( FVCl 0,3). "Camino se nos hizo el Hijo de Dios", escribe ella en su Testamento (TestCl 2). A su contemporánea en Praga, santa Inés, Clara la invita: "observa, considera, contempla, con el anhelo de imitarlo, a tu Esposo,... por tu salvación.... despreciado, golpeado y azotado de mil formas en todo su cuerpo, muriendo entre las atroces angustias de la cruz. Porque si sufres con El, reinarás con Él; si con Él lloras, con Él gozarás..." (2 Inés 20). El comportamiento de Jesús determina la convivencia en San Damián, incluyendo el lavado de los pies, el cual realiza Clara para con sus hermanas. (cf. LCl 12).

Francisco y los suyos se cobijan en una cueva
4.4. La meta de la misión franciscana
El capítulo 22 de la Regla no bulada, une dos fragmentos de Jn 17,24 y Mt 20,21:
"Padre, quiero que los que tu me entregaste estén ellos también conmigo, para que contemplen tu gloria, en tu reino" (1 R 22,55). La adición "en tu reino", nos muestra la gloria que esperaban los discípulos. Entonces, esta es la meta de la misión de Jesús y de la misión franciscana. Que los hombres participen de la gloria del Padre; llevarlos al reino del Padre, que les está "preparado desde el origen del mundo" (Mt 25,34; 1 R 23,4).
Ese reino es el cumplimiento del ruego de Jesús: que sus discípulos estén con él y que puedan ver la gloria del Padre. Es el cumplimiento de todo anhelo humano. Francisco, en su Exhortación cantada a las señoras pobres de San Damián, lo expresa también de otra forma: "Ya que cada una será reina en el cielo coronada con la Virgen María."(ExhCl 6).
A tales alturas sólo llegamos muy lentamente - por medio de esfuerzos diarios, entre progresos y retrocesos. Solos no lo podemos lograr, por eso necesitamos de la comunidad de hermanos y hermanas.
Fuentes bíblicas y franciscanas
Biblia: Mt 25,34; Lc 24,26; Jn 1,14; 10,10; 12,50; 14,9; 16,5-15; Rom 8,15; 1 Co 12,3; 2 Co 3,6; 1 Jn 3,23; 4,8
Fuentes franciscanas AlHor; OfP 15 1.3; SalVM 6; AlD 4; 1 CtaF 1,1; 2 CtaF 1-5; 11 sig.; 13.48-60; CtaO 9 sig.; 50 sig.; Adm 1,12 sig.; 7; 8; 22; 2 R 12,1; 1 R 2,1; 16,3.7.10 sig.; 21-24; ExhCl 13; 2 Ines 3; RCl 0,3; TestCl 6; 1 C 29; TC 28; 29; 60; FVCl 1