Apunte 7. La misión franciscana según las fuentes primitivas

4. Consecuencias del ideal misionero franciscano

No sabemos hasta qué punto tuvo influencia el alto ideal de Francisco. Lo que sí sabemos es que los primeros mártires de la Orden Franciscana no se guiaron por ese espíritu. La convivencia pacífica de cristianos y musulmanes era una cosa natural, la cual fue turbada únicamente por el comportamiento erróneo de los hermanos (Cf. 1 R 16,1). Ellos polemizaron de tal manera en contra de Mahoma, que les fue molesto incluso a los cristianos radicados allá y los enviaron de regreso en un barco. Sin embargo volvieron, siguieron con sus polémicas, y por esto fueron decapitados por los musulmanes.

Los estudios actuales sobre Francisco y Clara de Asís, han puesto en claro que también Clara había pensado en ir a la misión y sufrir el martirio. Quería abandonar la clausura de San Damián, para imitar el ejemplo de los cinco mártires de Marruecos. Ese momento dramático en la vida de Clara es atestiguado en las actas del proceso de canonización:

"Dijo también que la dicha madonna Clara tenia tal fervor de espíritu, que gustosa deseaba soportar el martirio por amor del Señor. Y lo demostró cuando, al enterarse de que en Marruecos habían sido martirizados algunos frailes, dijo que quería ir allí" (Pro 6,6). Otra testigo declaró: "de buen grado, por el amor de Dios, hubiese soportado el martirio en defensa de la fe y de su Orden. Y antes de caer enferma deseó marchar a Marruecos, donde, según se decía, habían padecido el martirio algunos frailes". (Pro 7,2)

El hecho de que las testigos (Sor Cecilia y Sor Balvina) en 1253, o sea 33 años después de ese suceso, todavía se acordaran del deseo de Clara, habla a favor de la autenticidad y seriedad de la petición.

Nos podemos dar cuenta de que toda la historia misionera franciscana está llena de ejemplos parecidos, positivos o negativos. A continuación describiremos dos consecuencias inmediatas para Francisco de Asís:

4.1 Testimonio ecuménico

Francisco presenció en el Oriente, el llamado a la oración del almuecín (= salât), por medio del cual los fieles se deben reunir para la oración y se deben inclinar profundamente ante Dios. En una carta retoma esa costumbre islámica ya que se siente tan emocionado por aquel culto a Dios, que desea un ejemplo parecido en el occidente. Esa alabanza a Dios debe unir a cristianos y a musulmanes.

Por eso habla enfáticamente de "toda la tierra" al escribir: "Y acerca de la alabanza de Dios, anuncien y prediquen a todas las gentes que el pueblo entero, a toda hora y cuando suenen las campanas, tribute siempre alabanzas y acciones de gracias al Dios omnipotente en toda la tierra" (1 CtaCus 8; cf. CtaO 4). Lo que escribe a los responsables de la Orden de Hermanos Menores, lo repite en un escrito a los políticos de ese tiempo.

Francisco es muy consciente de que se trata de un asunto público, el cual solamente se puede imponer con la ayuda del "brazo secular": "Y tributen al Señor tanto honor en el pueblo a vosotros encomendado, que todas las tardes, por medio del pregonero u otra señal, se anuncie que el pueblo entero rinda alabanzas y acciones de gracias al Señor Dios omnipotente." (CtaA 7).

Con una señal así, sería fácil que la fe de todos en el Dios todopoderoso, encontrara una expresión común, pero desafortunadamente no se tuvo en cuenta ese llamamiento. Luego con el Ángelus, por el cual se empeñó Buenaventura, se cumplió en cierta manera el deseo de Francisco, pero no respecto al 'salât', y sin la connotación ecuménica, la cual estaba implícita en el deseo de Francisco.

Una teología de la bondad de Dios que incluya a musulmanes, fortalece las bases para un diálogo entre cristianos y musulmanes.

Clara triunfa de los sarracenos

4.2 Unidad de vida y misión

El encuentro profundizó la visión de Francisco. El se alegraba de la presencia del Dios vivo entre los musulmanes, los cuales adoran a Alá de manera intensa y su nombre lo han conocido por un libro sagrado al igual que los cristianos. Francisco quizás soñaba en un mundo en donde se enriquecieran mutuamente cristianos y musulmanes con sus concepciones de Dios.

Esa idea nos permite formarnos una concepción más profunda de su vida. Durante su viaje misionero, se afianzó su comprensión de Dios. Al contrario de los cruzados, cuyo Dios ejerce el poder, el Dios de sus hermanos se les reveló en Jesús como la humildad. Ese Dios de la humildad y del servir, como se mostró en la vida terrenal de Jesús, le ayudó a releer las Sagradas Escrituras: por ej. Mt 16,24 - 1 R 1,3; Mt 19,19 - 1 R 1,5; Mt 5,39 - 1 R 14,4.

Francisco y el Papa leían los mismos textos, pero con una visión opuesta: para las autoridades eclesiásticas citas como "cargar la cruz de Jesús", justificaban la conquista violenta de los sagrados lugares, mientras que para Francisco esas mismas palabras eran una invitación a una vida sin pertenencias y sin violencia. De esto Francisco concluyó que su misión de paz se basaba en la "inspiración divina" (1 R 16,3) y por eso mismo no podía esperar comprensión por parte de aquellos que se preparaban para la guerra.

La unidad de la vida y la misión tiene además de esta, otra consecuencia: Francisco se acercaba a las personas corrientes en su propio medio: en los campos, en sus lugares de trabajo, en sus hogares, en los hospicios de los leprosos, donde los hermanos les servían a los hombres y les llevaban la paz. La búsqueda de la verdad tuvo el mismo proceso.

La vida se convierte en un viaje donde se descubre la presencia de Dios también en otros pueblos y donde se escucha lo que Dios dice en situaciones siempre nuevas. Francisco se niega a ser involucrado en disputas y controversias, porque está convencido de que Dios es humildad.

Los hombres no son dueños ni señores de la verdad, sino investigadores de ella, dondequiera que se presente, tanto en la historia de los hombres como también en toda la creación. Esa cercanía con los hombres y la disposición a servirles, se encuentra con mayor frecuencia en laicos que entre el clero. Por esto el día que la Orden alcanzó la clericatura, corrió grave peligro la espiritualidad de Francisco. Por lo tanto, no hay que sorprenderse de que haya desaparecido la espiritualidad de la "sumisión" de su regla de 1223. Cuando Francisco en su Testamento dice: "y yo trabajaba con mis manos, y quiero trabajar; y quiero firmemente que todos los otros hermanos trabajen en algún oficio compatible con la decencia" (Test 20), es un triste y último eco de los primeros tiempos de su sueño. En concordancia con su lema, evangelizar más con el ejemplo que con las palabras, Francisco nunca vio la predicación como su deber principal. La Iglesia de su tiempo pensaba de otra manera.

La predicación de la verdad tenía la máxima prioridad, y se veía como necesaria para la salvación. De nuevo Francisco relaciona su inspiración con otra concepción, la cual ve también presente entre los musulmanes a Dios, que realiza cosas buenas entre los hombres. Francisco no toma una posición negativa respecto al Islam, ni encasilla a Dios en los límites del cristianismo o de una teología culturalmente encadenada. En vez de eso le atribuye la salvación al misterio divino, que abarca a toda la humanidad, y espera impacientemente la inspiración divina antes de hacer o decidir algo.

El encuentro entre Francisco y el Sultán fue un acontecimiento importante en su vida y en su desarrollo espiritual. Sus biógrafos tienden a subestimar aquello, fijándose únicamente en los resultados políticos y el fracaso en el intento de convertir al Sultán. (Cf. 1 C 55).

5. Final

La visión misionera de Francisco en su pureza original, fue de muy poca duración. En los primeros tiempos, cuando los hermanos plasmaban su comprensión de la misión y del trabajo pacificador de la regla no bulada, se apartaban del pensamiento común de la Iglesia de ese entonces, cuya autoridad estaba ocupada en guerras y en el sometimiento de enemigos. Incluso antes de la muerte de Francisco, una oposición creciente entre los hermanos se decidió por una estructuración jerárquica, clerical y de mayor comodidad para la Orden y se puso en contra de la comunidad original de hermanos laicos de los primeros tiempos del movimiento.

En el transcurso de la historia, muchos seguidores de Francisco han querido retomar sus ideales, pero sus esfuerzos con frecuencia han tenido el mismo destino que en el tiempo de su fundación.

Actualmente estamos frente a la tarea de comprender de nuevo la misión y de volver a fundamentar la vida religiosa. Por eso no debemos escatimar esfuerzos para retomar la visión original de Francisco.

Ésta estaba muy por delante de su tiempo y aún hoy está a la vanguardia. Podría ser -Inshallah!-, un puente maravilloso para la hora del diálogo y del compromiso común por la paz.

Fuentes de la biblia

Mt 10; 16,24; Lc 9,26; 1Pe 2,12