Apunte 8. El discernimiento espiritual.
Discernimiento franciscano en torno a los problemas de la vida actual.
El tema al que nos acercamos es bastante novedoso, debiendo hablar de su reciente descubrimiento o, en el mejor de los casos, de su reciente «recuperación» en la conciencia de la Familia franciscana; un hecho que no habrá que considerar al margen de la actual "recuperación" del discernimiento por parte de la Iglesia, como fruto tanto de los nuevos acentos de su conciencia de la identidad cristiana, como del diálogo fe-cultura de la modernidad, con su afirmación de la autonomía del hombre, la racionalidad crítica y la subjetividad.
Efectivamente, hasta fechas muy recientes el discernimiento ocupaba un lugar un tanto marginal en la conciencia y praxis de la Iglesia; a él hacía referencia tan sólo la teología espiritual, y de manera bastante puntual: el discernimiento de espíritus, de mociones, de inspiraciones, siguiendo a San Ignacio; el discernimiento de los grados de oración, de la mano, sobre todo, de Santa Teresa; y el discernimiento de los estadios de la vida espiritual, siguiendo especialmente a San Juan de la Cruz'. Hoy, al menos en las corrientes teológicas más creativas, el discernimiento está adquiriendo la relevancia y el papel que le corresponde según el mensaje y la experiencia neotestamentaria, y especialmente paulina. Ni que decir tiene, que a esta recuperación del discernimiento en la teología "y en el lenguaje eclesial no corresponde, sin embargo, una recuperación similar a nivel de praxis.
Dicho esto, y antes de entrar directamente en el tema, se impone una descripción básica de los tres términos que definen el objeto de mi reflexión: discernimiento - franciscano - el hoy de nuestra vida.

Escudo de la Orden Franciscana
a) Discernimiento: Se podría definir como la sabiduría, el arte (gracia y tarea) que, integrando la intuición-conocimiento contemplativo y de fe con la racionalidad humana, trata de buscar y hallar «lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo perfecto, lo que le agrada» (Rom 12,1-2), y de sentir y conocer el Espíritu de Dios y su acción, y ello no a nivel general, teórico o ideal, sino concreto, a nivel personal, comunitario, institucional... El discernimiento, pues, no es en sentido propio la opción o la decisión -aunque sea su lógica consecuencia- sino «un juicio, una valoración, un conocimiento valorativo».
b) Franciscano. Es el segundo término y calificativo del discernimiento, lo que complica las cosas, dado que, en nuestro caso puede entenderse al menos en dos sentidos: lo franciscano como una concreta tradición teológica y escuela de espiritualidad que nace en Francisco de Asís, pudiendo hablar entonces de discernimiento franciscano como hablamos de teología franciscana o filosofía franciscana; y, un segundo sentido es el de vida franciscana, por lo que con los términos "discernimiento franciscano" se estaría hablando de discernimiento aplicado a la vida franciscana, sobre la vida franciscana. Ambos sentidos, por lo demás, parecen integrarse en el título del tema que se me ha propuesto desarrollar, lo cual complica aún más las cosas.
En primer lugar, hay que confesar que nosotros no tenemos una tradición propia y específica de discernimiento espiritual, y ni siquiera una historia de discernimiento aplicado a la vida y a la experiencia espiritual y vocacional franciscana, aunque éste no haya pasado desapercibido a los grandes maestros espirituales franciscanos --comenzando con san Buenaventura, y siguiendo con los maestros de la observancia, San Pedro de Alcántara y los descalzos--, sobre todo en torno a dos temas principales: las etapas o grados en la experiencia espiritual, y los grados en la experiencia de oración. No deja de ser elocuente al respecto cómo el discernimiento apenas si ha encontrado eco explícito en las actuales CC.GG. OFM, que rehuyen el uso mismo del término.
Hay que constatar igualmente, que la tradición espiritual franciscana --a diferencia de lo que ha hecho en muchos otros campos-- no ha prestado especial atención, e incluso ninguna, a Francisco de Asís en temas de discernimiento espiritual, y, ni siquiera, de discernimiento espiritual franciscano. En el campo del discernimiento hemos bebido, en general, en fuentes no franciscanas.
Hoy, sin embargo, --aunque el tema del discernimiento en san Francisco apenas si está esbozado, y no existen estudios profundos al respecto--, comienza a tomarse conciencia de la significación de Francisco como «maestro» (que no teólogo, a quien corresponde la elaboración formal) de discernimiento espiritual, y especialmente de discernimiento de la experiencia espiritual y vocacional franciscana, por lo que cualquier reflexión sobre el discernimiento en clave franciscana y de la vida franciscana exige volver la mirada a él, sin olvidar, evidentemente --aunque aquí no hagamos referencia a ello-- la posible aportación de los maestros espirituales de nuestra tradición.
Es verdad que la experiencia de Francisco de Asís está a este nivel, como en general a todos los niveles, fuertemente marcada por los signos de lo personal e intransferible, fruto de su singularidad humana y de la singularidad del don de gracia que recibió del Señor. Es verdad igualmente, que su experiencia de discernimiento está también marcada por el preciso contexto histórico socio-eclesial que le tocó vivir: situados en un contexto significativamente diverso, necesitamos hacer una relectura de ella, que haga la síntesis entre fidelidad y actualidad. Sin embargo, y no es necesario abundar en ello, la experiencia franciscana es una experiencia fuertemente personalizada: Francisco de Asís es la "forma minorum" (CC.GG. 26,3), «el arquetipo en quien se concentra la densidad de la experiencia franciscana y su extraordinario poder de irradiación..., y la referencia a él es siempre obligada» por ser "referencia profética y mediación" de la forma franciscana de leer y vivir el evangelio, y de la vocación de los llamados a esta vida.
Por todo ello, podemos hablar de discernimiento franciscano en la medida en que volvemos la mirada a Francisco de Asís y a su Regla y nuestra Regla, y, evidentemente, a su relectura en el hoy en nuestras CC.GG., buscando las pautas para un discernimiento franciscano y sobre nuestra vida franciscana.
c) El hoy de la vida franciscana: Es el tercer término en cuestión. Todo discernimiento es siempre una realidad concreta, contextual: nace y se orientó al aquí y ahora personal y comunitario. Por eso, el proyecto "La gracia de los orígenes" al fijar el objetivo para el año 2006 lo formulaba así: "La escucha, la conversión y el discernimiento de la voluntad del Señor para nuestra vida de hoy", lo que reclama no sólo un conocimiento profundo de la identidad franciscana y los criterios de discernimiento de la fidelidad a la misma, sino también un conocimiento no menos profundo de nuestra realidad y la realidad en la que hemos de vivir y testimoniar la vocación franciscana.
Julio Herranz ofm.
CC.GG.: Constituciones generales de los Franciscanos Menores.