Apunte 8. Discernimiento franciscano



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2.- Naturaleza y objeto del discernimiento

Por lo que se refiere a la naturaleza y objeto del discernimiento, Francisco se inscribe de lleno -tal como se desprende de los dos textos arriba vistos- en lo nuclear de la experiencia cristiana del discernimiento, como aparece esbozada en el Nuevo Testamento, y definida en sus particulares en la tradición espiritual: El discernimiento entraña básicamente dos cosas:

a) la búsqueda de la voluntad de Dios, «lo que le agrada»: "Hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada" (CtaO 50);

b) el conocimiento íntimo, por medio del Espíritu, de la acción de Dios en el hombre, y de la fidelidad de éste a Dios y su voluntad: "En esto puede conocer el siervo de Dios si tiene el Espíritu del Señor..." (Adm 12,1).

Criterio determinante en el reconocimiento de la acción del Espíritu soN sus frutos: los frutos del Espíritu (cf. Adms. 13-28).

Pero, si es incuestionable que, por lo que se refiere a la naturaleza y objeto del discernimiento, Francisco se inscribe de lleno en lo nuclear de la tradición del discernimiento, lo hace, por otra parte de una manera propia; y ello a dos niveles:

el primero, y es lo evidente, desde su singularidad personal y la singularidad del don de gracia recibida, lo que hace que él, y sólo él, sea Francisco de Asís;

y, el segundo, y aquí se transciende a sí mismo y nos vincula a nosotros: desde la fidelidad al camino evangélico que Dios le mostró como su voluntad sobre él y sus hermanos. Francisco, en obediencia al Espíritu, está al origen de un proyecto y forma de vida, y de una espiritualidad, con lo que ello entraña: un particular camino espiritual, con unas determinadas preferencias y acentuaciones dentro del marco común de lo cristiano y de la vida religiosa en la Iglesia.

Francisco se menosprecia a sí mismo

El corazón del proyecto de vida y la espiritualidad franciscana está, como es sobradamente conocido, en el seguimiento de Cristo-Siervo, o, con la palabras del propio Francisco recogidas al final de la Regla, en el seguimiento de «la pobreza y humildad de nuestro Señor Jesucristo», el doble acento que marca siempre el santo en todas sus referencias al seguimiento de Cristo, que constituye el binomio que define lo nuclear de la forma del Siervo tanto en el A.T. como en su relectura en el Nuevo Testamento.

Por ello, en la forma de vida y en la espiritualidad franciscanas todo se condensa, también el discernimiento, en "seguir las huellas de Cristo"; discernimiento y sequela están indisolublemente unidos: se trata de discernir para seguir, discernir la voluntad de Dios y su acción en orden al seguimiento: "concédenos por ti mismo hacer lo que sabemos que quieres y querer siempre lo que te agrada, a fin de que, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Seño, Jesucristo", y todo ello gracias a la santa operación del Espíritu: "interiormente purificados, iluminados interiormente y encendidos por el fuego del Espíritu Santo".

Desde aquí puede comprenderse todo el alcance de las palabras de Francisco en el corazón de la Regla: puesto que se trata de discernir para seguir, y el Espíritu es el agente principal del discernimiento, la aspiración suprema de los hermanos ha de ser "desear tener el Espíritu del Señor y su santa operación".