Apunte 8. El discernimiento espiritual.

3.- MARCO DE REFERENCIAS DEL DISCERNIMIENTO

Francisco se inserta también de lleno en la tradición de los grandes maestros del discernimiento espiritual en los que se refiere al marco de referencias del discernimiento, aunque, también en este caso y por las razones antes dichas, con sus acentuaciones propias.

En efecto, el discernimiento espiritual que, como hemos visto, es una exigencia particular de la opción de vida franciscana, es un algo bastante subjetivo, y corre el riesgo del subjetivismo, que es también, de manera especial, un riesgo de la vida franciscana. Pero no por ello hay que confundir discernimiento y subjetivismo, subjetividad y subjetivismo: la primera significa el reconocimiento del carácter singular de cada persona, a nivel humano, creyente y franciscano, por tanto como vocación de Dios. El subjetivismo, por el contrario, es la negación de toda norma, de todo principio universal, la disolución del comportamiento en la más completa anarquía, sin referencias objetivas.

El discernimiento franciscano, como el discernimiento en general, es siempre personal y concreto, pero tiene lugar dentro de un marco global de referencias objetivas:

a) La Palabra de Dios. Dios, evidentemente, se hace palabra para Francisco en la Iglesia, en la fraternidad, en el acontecer diario vivido fiel y devotamente, en la debilidad e indigencia de los pobres, en la creación,...; pero se hace palabra de una manera única y decisiva en su Verbo, y en sus palabras, "que son espíritu y vida" como le gusta repetir (cf. 2CtaF 2; 1R 22,39; Test 13), que escuchadas y acogidas en oración son lugar privilegiado de todo discernimiento: la objetividad de la Palabra. Y el discernimiento en Francisco está contraseñado, además, por una especie de obediencia inmediata a la Palabra,

b) La fe y praxis de la Iglesia, y su autoridad. Es éste otro de los elementos que contradistingue fuertemente el discernimiento de Francisco de Asís, que coloca siempre, en indisoluble unidad, junto al evangelio la Iglesia, junto a su vocación evangélica en el seguimiento de Cristo Siervo la obediencia a la jerarquía eclesiástica, mediación privilegiada de su comunión eclesial; como verdadero hombre de espíritu, supo lograr la síntesis, siempre compleja y difícil, entre obediencia y creatividad evangélica, entre fidelidad a la propia vocación y obediencia a la autoridad eclesiástica, frente a la que supo defender la originalidad de su inspiración (cf. 1R 19,3; UltVo12-3; Test 14. 25).

Y es que, más allá de las contingencias históricas que pudieran llevarle a ello y de su eclesiología medieval, como motivación de fondo de la adhesión de Francisco a la institución eclesiástica y a la jerarquía, hay una profunda intuición teológica y un especial sentido de la fe. Por eso escribe al final de la Regla, recapitulando sus centros de fidelidad: "...para que, siempre sometidos y sujetos a los pies de la misma santa Iglesia, firmes en la fe católica, observemos la pobreza y la humildad y el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo que firmemente prometimos" (2R 12,4).

El seguimiento de Cristo Siervo según el proyecto de vida descrito en la Regla, y la comunión eclesial son los dos grandes centros de fidelidad de los hermanos, y por consiguiente referencias determinantes en su discernimiento, pero la fidelidad a ellos han de vivirla por vías de discernimiento, en la síntesis de ambos, evitando toda posible confusión entre obediencia y mera sumisión, y entre afirmación de la dimensión profética de la propia vocación evangélica y la simple y llana negación de la obediencia.

c) La forma de vida y Regla. Es lo que Francisco expresamente dice en la Regla, al hablar de los límites de la autoridad y de la obligación de la obediencia: «Por eso, les mando firmemente [a los hermanos], que obedezcan a sus ministros en todo lo que prometieron al Señor observar, y no va en contra del alma [la inspiración del Espíritu] y nuestra Regla» (2R 10,3; cf. 1R 5,2);

d) La confrontación con aquellos que hacen el mismo camino, especialmente si son maestros sabios y experimentados. El testimonio de los biógrafos a la hora de describir la vida de Francisco, y no obstante la relectura en otras claves que de los hechos hayan podido hacer en más de una ocasión, es enormemente elocuente al respecto, el comenzar por el hecho de que la Regla es el fruto de un discernimiento comunitario. Pero no son menos elocuentes los escritos del santo (cf. CtaM 13.19;1R 5,3-6; 9,1011;18,1; 20,3; 2R 6,8; LM 12,2; Flor 16).

Cada uno vive el proyecto de vida franciscano, como queda dicho, de manera absolutamente personal, pero ello no significa que lo haga solo, sin compañeros de camino: la experiencia espiritual franciscana es siempre una experiencia de fraternidad: la con-vocación a vivir un mismo proyecto nos ha hecho hermanos; por eso nuestro discernimiento ha de integrar siempre el discernimiento con aquellos que caminan a nuestro lado viviendo un común proyecto de vida; y también, y sobre todo, con aquellos que caminan delante, ya sea en el tiempo, ya en la calidad de la experiencia, o en el saber, o en todas estas cosas, en razón de lo cual pueden iluminar mi propio camino, ofrecer luz en mi discernimiento, en la medida en que el camino ha sido para ellos maestro.

La mesa del Seņor, la limosna

e) No son ciertamente éstas las únicas referencias objetivas en el discernimiento en Francisco de Asís. Aunque no explicitadas en sus escritos, una lectura atenta de su vida permite perfilar algunas otras. Es el caso de la propia singularidad personal, potencialidades y límites, y las potencialidades y límites de la realidad dada, que Dios habitualmente respeta: Dios no pide lo que no da. Lo encontramos en Francisco no sólo en términos de discreción, según veremos más adelante, sino también como llamada a sus hermanos a discernir las exigencias de Dios y su voluntad teniendo en cuenta la propia condición personal, las propias capacidades y fuerzas (cf. 2R 2,18; 1Cel 57; 2Cel 22; TC 59; LP 50).

Cabe considerar también como a otra de las referencias objetivas del discernimiento sanfranciscano, los llamados "signos de los tiempos", por más que sean siempre una realidad ambigua y susceptible de diversas interpretaciones, sobre todo en contextos de grandes cambios y gran fragmentación a nivel sociocultural y eclesial, como fueron los del primitivo franciscanismo. Una lectura atenta de los escritos de Francisco y de su biografía permite percibir cómo éste consideró verdaderas mociones del Espíritu las nuevas búsquedas sociales y religiosas de una sociedad más igualitaria y fraterna, una nueva configuración de la identidad cristiana y nuevo modelo de Iglesia, razón por la cual su proyecto y forma de vida viene a ser eco de ellos -"El mismo Altísimo me reveló que debía vi según la forma del santo Evangelio" (Test 14)-, y sus búsquedas vienen a coincidir en gran parte con las de los espíritus más creativos de época.