Apunte 8. El discernimiento espiritual.
III.- LA PRAXIS DEL DISCERNIMIENTO EN FRANCISCO DE ASÍS
1.- Principales criterios de discernimiento de la experiencia espiritual y vocacional franciscana
Es éste un tema central en los maestros del discernimiento cristiano, y un aspecto particular del discernimiento: san Ignacio lo llama la «discreción de espíritus" y lo pone en relación directa con el discernimiento de las mociones, para lo cual da una serie de reglas, al final de la primera y segunda semana de los "Ejercicios", siempre supuesto el carácter prudencial de las mismas. El objeto del discernimiento de espíritus es reconocer por sus frutos la acción del Espíritu de Dios en el corazón del creyente.
¿Existe en Francisco algo al respecto? Hoy se va abriendo paso entre los estudiosos del franciscanismo -aunque luego "nadie le meta el diente"- la convicción de que las Admoniciones, en línea con lo que ya K. Esser había apuntado como contenido y objeto de las mismas, sin ser un tratado del discernimiento, nos ofrecen algunos de los criterios sanfranciscanos en el discernimiento espiritual, y especialmente del discernimiento de la experiencia espiritual y vocacional franciscana. En ellas Francisco vuelve a proponer a sus hermanos las grandes opciones de su proyecto de vida -la experiencia de la suficiencia y soberanía de Dios y su gracia, la fraternidad, la pobreza-minoridad (fuertemente contraseñadas por la desapropiación efectiva y afectiva y el servicio humilde desde la no-pretensión), y la misión-evangelización describiendo el espíritu animador que las hace posible, y los criterios de discernimiento de la fidelidad a ellas del Hermano Menor».
¿Qué nos dicen las Admoniciones en relación con los criterios de discernimiento de la voluntad de Dios y su acción en el Hermano Menor según Francisco? Precisarlo no es en principio tarea fácil, dado que sólo una de las Admoniciones se centra explícitamente en el tema del discernimiento, la Adm 12, que lleva por título: «¿Cómo conocer el Espíritu del Señor?» Uno es básicamente, según este texto, el signo de reconocimiento de la acción del Espíritu del Señor y de la fidelidad a él por parte del Hermano Menor y en su condición de Hermano Menor: la desapropiación interior. Sin embargo, una lectura atenta de las Admoniciones pone de relieve que ésta es una realidad de implicaciones múltiples, y múltiples relaciones y correlaciones.
La lectura atenta de las Admoniciones nos revela ciertas preferencias, no sólo en los temas, sino sobre todo en los criterios de valoración y en la correlación entre ellos. Así, por ejemplo, el criterio último de la obediencia es el amor (Adm 3); del amor lo es la gratuidad (Adms 9; 24; 25), de la gratuidad la desapropiación...
Todo ello permite perfilar los criterios más importantes de discernimiento de la experiencia espiritual y vocacional franciscana en las Admoniciones, algunos de los cuales vemos seguidamente:
Una última observación antes del análisis particular de cada uno de ellos. Alguno de los pocos autores que se han acercado a este tema en Francisco conceden una especie de primado, entre los criterios de discernimiento, a la desapropiación: sería el criterio supremo y al que correspondería el mayor grado de certeza. ¿Qué hay detrás de semejante afirmación? Dos cosas: La primera: la presencia masiva y descollante de este tema en las Admoniciones; la segunda: el hecho de que éste es el criterio global que se ofrece para discernir el Espíritu del Señor en la Adm 12, la única centrada explícitamente -como queda dicho- en el discernimiento de espíritus.
Por mi parte considero legítimo el reconocimiento de dicho primado, a condición de que sea entendido correctamente. Creo que no es respetuoso con «la coherencia interna» del proyecto de vida franciscano, -que las Admoniciones quieren hacer transparente a nivel de las profundidades mismas del Espíritu que discierne, divide, separa como espada de doble filo- considerar este primado como exclusivo: en este proyecto la pobreza-minoridad (desapropiación) comparte primado con otras opciones clave, y particularmente con el amor-fraternidad, que es, sin lugar a dudas, otro de los temas prioritarios, cualitativa y cuantitativamente, en las Admoniciones. Cuando se habla del proyecto de vida franciscano las prioridades no son nunca excluyentes, sino son determinantes e íntimamente relacionadas; como confirman las mismas Admoniciones.

Francisco es consolado
1.1.- La desapropiación
Es signo de la acción del Espíritu del Señor en los hermanos, y de su fidelidad a él en el camino del seguimiento de "las huellas" de Cristo, la actitud fundamental de desapropiación, y signo del espíritu de la carne toda actitud de apropiación. En esta misma línea se mueven nuestras actuales CC.GG. que hacen de la desapropiación como actitud interior de desprendimiento y apertura a Dios y solidaridad, uno de los ejes del modelo teóricopráctico de la pobreza-minoridad franciscana.
A lo largo de su vida Francisco no cesó de reaccionar contra la voluntad de apropiación que se esconde en la entraña más profunda del hombre y de hombre espiritual, y que puede contraseñar hasta la vida a primera vista más fiel evangélica y espiritualmente: «los hermanos no se apropien nada pan sí, ni casa, ni lugar, ni cosa alguna» (2R 6,1).
Es más, Francisco es especialmente consciente de que la apropiación encuentra en aquellos que han hecho suyo el proyecto radical del evangelio la forma de vida franciscana, un terreno especialmente abonado: su opción de vida dispara en los hermanos el deseo de absoluto, el sentido de la radicalidad e incondicionalidad, que suele traer consigo la megalomanía de deseo religioso que quiere apropiarse del don de Dios, y autojustificarse ante él (cf. Adms 7,4;12;..), que juzga y condena a los hermanos so pretexto de mayor radicalidad. Por ello ha de cumplirse aquí «la ley habitual en todo proceso de transformación: que allí donde se recibe el don de desplegar el deseo, allí se ha de pagar el precio de la desapropiación».
Y la apropiación y desapropiación puede vivirse a todos los niveles en la vida de los hermanos, desde los más profundos a los más superficiales, desde los más globales y totalizantes a los más concretos y puntuales, desde las aspiraciones más altas a las más a ras de tierra. La apropiación del propio ser (cf. Adm 2), la apropiación del deseo y la búsqueda personal de Dios (cf Adm 14); la apropiación de personal fidelidad evangélica (cf. Adm 11); la apropiación de la voluntad en relación con la obediencia a los ministros y los demás hermanos (cf. Adm 3,10); la apropiación del quehacer, cargo o servicio (cf. Adm 4); la apropiación del saber (cf. Adm. 7,4), ...
A lo largo de las Admoniciones asoma con energía la solicitud de Francisco por situar a los suyos en la verdad. Denuncia las desfiguraciones de la vida espiritual de aquellos que han hecho objetivo base de su vida «seguir la pobreza y humildad de nuestro Señor Jesucristo»; e indica los signos que descubren certeramente, bajo las apariencias más virtuosas y más religiosas, la voluntad posesiva, tales son la turbación, la irritación, la impaciencia, la agresividad, que manifiesta el hombre en las contrariedades, la envidia, etc. (cf. Adms 4;8;13;14;15;..) estas cosas son, a sus ojos, los síntomas ciertos de la voluntad posesiva frecuentemente inconsciente.
Por el contrario, son signos indudables de desapropiación: la apertura humilde, el reconocimiento agradecido de los dones de Dios en la propia pobreza radical, y un corazón fraterno y reconciliado. La autenticidad de la desapropiación queda pues sometida al criterio del amor.