Apunte 8. El discernimiento espiritual.

3.- PRINCIPALES NOTAS CARACTERÍSTICAS DEL DISCERNIMIENTO EN SAN FRANCISCO. RELECTURA Y ACTUALIZACIÓN

Del análisis hecho hasta aquí de las Admoniciones, por mas que sumario, podemos deducir algunas de las notas características más salientes de la experiencia del discernimiento en san Francisco

a) La inmediatez de la obediencia a la Palabra de Dios

Hay en Francisco una especie de literalismo en el discernimiento. Como prueba de ello bastaría leer la Regla de 1221, estructurada lógicamente en torno a esta dialéctica: los hermanos harán esto o lo otro, «porque dice el Señor en el evangelio» ...Y así, por ejemplo, a la hora de precisar la voluntad de Dios sobre cómo los hermanos han de ir por el mundo, como testigos y profetas del reino, se limita a transcribir literalmente las exigencias del discurso de la misión y del sermón del monte (cf. 1 R 14; 16,1-6).

No hay en Francisco una atención explícita a los procesos, a las condiciones objetivas para esa obediencia a la Palabra, a las consecuencias. Esto no quiere decir que sea un romántico ingenuo, o que su «literalismo» sea fundamentalista. De hecho en él encontramos también muchos datos que nos hablan de su lectura «mediatizada» de la Palabra en orden al discernimiento de la voluntad de Dios, porque, como afirma reiteradamente, lo determinante no es la letra sino el espíritu (cf. Adm 7; 2R 2,1 ss;...), y hasta podemos descubrir en él una cierta referencia a lo que nosotros llamamos los procesos, como es el caso del capítulo 2 de la Regla en la doble redacción llegada hasta nosotros, donde se establece un cierto proceso de discernimiento vocacional. Con todo, es claro que el discernimiento en Francisco, habitualmente se sitúa en la inmediatez de la obediencia a la Palabra.

En esto, evidentemente nosotros no nos sentimos identificados con él, e incluso, por fidelidad, por pertenecer a una cultura diferente -más sensible a lo subjetivo, a los procesos, a las condiciones objetivas-, hemos de tomar cierta distancia frente a él.

Pero la inmediatez del discernimiento en Francisco nos recuerda lo nuclear del discernimiento espiritual: no hay discernimiento sin obediencia incondicional, desde la fe vivida como confianza en Dios. Cuando el discernimiento está demasiado preocupado por los procesos y por las condiciones objetivas, fácilmente aparece dominado por el espíritu de cálculo: uno no arriesga, tan sólo controla. Con la inmediatez de su discernimiento Francisco nos da la clave: todo discernimiento depende de la obediencia, es decir de la opción fundamental por el evangelio -y no hay evangelio sin radicalismo e incondicionalidad-, vivido desde la fe como confianza; y allí donde se pierde la inmediatez de esta obediencia no hay posibilidad de discernimiento ni de vida espiritual, tan sólo cálculo humano, análisis racional, afirmación del hombre desde sus propias fuerzas, sean las del idealismo o las del realismo más o menos craso,...

b) El radicalismo evangélico

Es una nota característica del discernimiento en Francisco, directamente relacionada con la anterior, y lógica consecuencia de ella, dado el peso específico que tiene el radicalismo evangélico en el proyecto de vida franciscano.

No sorprende, pues, que él haya hecho del radicalismo evangélico lugar determinante de discernimiento de la experiencia espiritual-vocacional propia y la de sus hermanos. Es un hecho sobre el que no es necesario abundar dado que destaca en una simple lectura de las citas y los trasfondos evangélicos de las Admoniciones. (cf. Adms 3,1; 4,1; 9,1;13-16;...).

c) El primado de la praxis

Lo espiritual en Francisco está siempre referido a la praxis concreta, a una confrontación con la realidad, desde unas opciones de vida; lo reflexivo, lo analítico está siempre subordinado a la praxis. Y ello a un doble nivel: el discernimiento se hace desde la praxis concreta; se orienta y autentifica en la praxis concreta: se traduce en las opciones prácticas y no en las idealizaciones o racionalizaciones.

Las Admoniciones son, a este propósito, un tratado maestro: la afirmación más absoluta de la prioridad de la praxis, de lo concreto en el discernimiento de la propia experiencia espiritual y vocacional franciscana.

En esto Francisco es eminentemente moderno. A diferencia de la espiritualidad que va de los siglos XV al XIX, que está muy marcada por la interioridad y tiende a ser moralista e individualista, hoy la espiritualidad tiene mucho más en cuenta la praxis, las opciones evangélicas de la existencia, la necesidad de transformación estructural de la realidad,... Francisco mantiene un gran equilibrio entre interioridad y praxis: reivindicando la trasformación interior del centro personal desde donde vive el hombre, no cae en la tentación de reducir la espiritualidad a compromiso y la experiencia del Espíritu a eficacia de transformación histórica; pero, al mismo tiempo, frente al peligro de una espiritualidad y un discernimiento excesivamente centrados en el análisis y en la pura interioridad, presenta una experiencia espiritual vivida ante todo y sobre todo, desde la praxis.

d) El discernimiento desde las experiencias límite

Como lógico corolario de la opción franciscana por el radicalismo evangélico como elemento configurador de la forma de vida, Francisco tiende siempre a hacer el discernimiento en las experiencias límite, extremas; así: el discernimiento de la acción del Espíritu en el amor en su dimensión horizontal, se hace en relación con los enemigos, y con los hermanos enfermos y los pecadores (cf. Adms 9; 24-25); el discernimiento sobre la propia experiencia orante y contemplativa, desde la envidia, el rechazo, y el verse privado de algo necesario o pretendidamente tal (cf. Adms 8;14;..); y el discernimiento de la pobreza el «sine proprio» más radical, lo que implica, no sólo desapropiación frente a los bienes materiales sino también frente a las cualidades naturales, las virtudes... (cf. Adms 2; 4; 5; ...)

Al hermano que sufre el "sine proprio" se le ayuda a asumir esa radicalidad, pero desde la radicalidad misma, y no desde el cálculo o el diluir las exigencias radicales de la pobreza: la radicalidad de la pobreza ha de responder una no menor radicalidad en el amor, en la vida fraterna, que Francisco asocia en la Regla (cf. 2R 6).

Bernardo de Quintaval se desprende de sus bienes

e) La discreción

Francisco, pues, define el discernimiento desde el límite, de manera radical, sin concesiones a la mediocridad y hasta -da la impresión- que ni al límite humano. Sin embargo en el discernimiento ha sabido integrar radicalismo y realismo, exigencia extrema y límite humano, mediante la discreción (discretio): «un don especial de docilidad al Espíritu, que hace entender los condicionamiento y los límites del corazón del hombre concreto y de la fraternidad». En la Adm 27 afirma expresamente: «Donde hay misericordia y discreción, no hay superfluidad ni endurecimiento».

La discreción en el discernimiento, se sitúa frente a dos extremos: por una parte, se opone a la prudencia de la carne, a la entrega calculada, a la falta de incondicionalidad y radicalidad en el seguimiento de Cristo; por otra, se opone al radicalismo intransigente, desmedido, no reconciliado con los límites de lo real. La discreción supone apostar por el radicalismo posible, y aceptar, en última instancia, que las formas más elevadas del radicalismo son las de la humildad (reconciliación con los límites de los real a nivel subjetivo y objetivo) y el amor.

La propia Regla franciscana nos da sobradas pruebas de ello; así por ejemplo, si por una parte establece como conditio sine qua non para el ingreso en la fraternidad la renuncia a los bienes en favor de los pobres, por otra afirma que «si no pudieren hacerlo, les basta la buena voluntad» (2R 2,6); en el capítulo 2 define el vestido de los hermanos desde la literalidad del evangelio de la misión: sólo una túnica; pero más adelante añade: «los ministros provean con solícito cuidado, por medio de amigos espirituales, a las necesidades de los enfermos y el vestido de los hermanos, según los lugares, los tiempos y el frío de las regiones» (2R 4,2-3); etc...

Por otra parte, en su esfuerzo por definir la figura de Francisco, Celano nos lo presenta así: «Riguroso consigo mismo, indulgente con los otros, discreto con todos» (1Cel 83; cf. 2Cel 129). Y las Fuentes biográficas nos ofrecen también múltiples ejemplos de ello: Discreción en la acogida de los que llegan y en el proceso de incorporación a la vida real de la fraternidad, teniendo en cuenta su situación y condición (1Cel 57); discreción en la penitencia de los hermanos (2Cel 129; Flor 18);... La historia del racimo de uvas para el hermano que «se muere de hambre» por la noche, es igualmente una afirmación de la discreción, que hace la síntesis entre radicalismo y realismo (LP 50).

Ésta síntesis Francisco tiende a hacerla desde el radicalismo mismo; la discreción no tiene para él nada que ver con la «medietas» de los clásicos, ni con el cálculo prudente del «in medio stat virtus» de la teología moral y espiritual clásica, que pone la discreción en relación con la prudencia («Discretio quae ad prudentiam pertinet»: Santo Tomás). Por ello, si el discernimiento en la pobreza ha de tener como punto de referencia la pobreza radical, la discreción reclama la experiencia radical extrema de la fraternidad, el hogar caliente que posibilita a los hermanos asumir la pobreza.

Como conclusión de todo esto creo que se hace obligada una observación: Al acercarnos a los criterios de discernimiento en Francisco, es normal que, en cuanto señalan la cumbre y la experiencia límite, nos sintamos desbordados y la desproporción entre lo que se nos propone y nuestra concreta realidad, personal e institucional. Lo cual evidentemente es ambiguo o al menos ambivalente: Es necesario situarse correctamente ante ello:

El discernimiento en Francisco y de Francisco nos propone lo irrenunciable: El seguimiento de Jesús en la vida franciscana no tiene otra ley que amor, y el amor es sin medida, no pertenece al ordenamiento racional . la vida. Y en este sentido habrá que ser muy conscientes de que la experiencia de vida franciscana, por una serie de condicionantes, quedó demasiado reducida a una ética de mínimos: Seguir a Jesús en la vida franciscana es algo que no termina nunca de cumplirse; jamás podremos decir: ¡Ya llegué!, ¡ya está! La propuesta sanfranciscana de discernimiento de urgirnos y estimulamos a mirar siempre más adelante y más alto, a hacer el camino que nos falta por recorrer: «comencemos hermanos...»;

pero sólo asumiremos correctamente los retos que desde la propuesta sanfranciscana nos llegan, si reconociendo su desmesura no renunciamos ir ello a caminar en esa dirección; si renunciando a todo perfeccionismo --pretensión siempre frustrante porque no reconciliada con el límite humano no con el evangelio de la gracia-- asumimos la realidad personal e institucional en su grandeza y miseria y en la apertura confiada al don de Dios; si, conscientes de que lo verdaderamente determinante para la madurez humana y espiritual en nuestra vida franciscana no es ser un superhombre, ni la generosidad heroica y hasta ni siquiera las formas externas de radicalidad, hacemos el eje de nuestra vida el amor entregado, el servicio humilde, en el olvido de sí y en la minoridad verdadera; si, a medida que la realidad nos obliga a resituar nuestras formas externas de radicalidad, vamos privilegiando la radicalidad de la transformación del razón a nivel de actitudes globales de autenticidad, de amor a Dios y a los hermanos, humildad, de aceptación positiva y hasta gozosa –verdadera alegría- de los propios límites, el propio no poder, la enfermedad, etc. Estas síntesis son presupuesto y derivado de la madurez de la experiencia espiritual franciscana, asumida y vivida siempre en la docilidad al Espíritu, en el discernimiento.