Apunte 8. El discernimiento espiritual.
IV.-DISCERNIMIENTO DEL HOY DE NUESTRA VIDA FRANCISCANA: ALGUNAS CLARIFICACIONES NECESARIAS
Como dije al principio, no me corresponde a mí, o al menos no considero oportuno hacer el discernimiento práctico en relación con algunas de las cuestiones más importantes que nos plantea el hoy de nuestra vida franciscana, dado que éste será el objeto del trabajo -ponencias y grupos - del próximo jueves. Mi propósito ahora es completar la reflexión hecha hasta aquí, haciendo algunas aclaraciones necesarias para sentar correctamente las bases de dicho discernimiento práctico, e introducir el trabajo que han de hacer los grupos esta tarde.
a) Comienzo recordando algo que ya he reiterado: el discernimiento espiritual es siempre una realidad contextual: trata de buscar y hallar «lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo perfecto, lo que le agrada», y ello, no a nivel general, teórico o ideal, sino concreto y en el aquí y ahora personal y comunitario.
b) En segundo lugar, conviene no olvidar nunca que el discernimiento es un instrumento de naturaleza espiritual, directamente ordenado a la acción, que tiene por objeto no sólo el conocimiento de la voluntad de Dios, sino también el "discernimiento de espíritus", es decir, el conocimiento del origen de los impulsos, motivaciones, inclinaciones que nos llevan a determinadas opciones y determinan nuestro obrar, y el aprender a percibir el proceso real de trasformación interior y ver en él lo que emerge como obra del Espíritu de Dios Se trata, en definitiva, de conocer si uno -persona, comunidad,...- se está dejando llevar por el Espíritu de Dios o por otros «espíritus», y de reconocer su obra y hacia dónde nos quiere llevar.

Cristo refulgente ante Francisco y los suyos
c) Afirmar que el discernimiento es un instrumento de naturaleza espiritual significa que no es una ciencia hecha de técnica racional, sino un arte y una sabiduría hechas de experiencia humana y de intuición contemplativa de las cosas del Espíritu; es más sabiduría hecha de fe y de experiencia (sintonía con el Espíritu), que fría deducción racional. Dicho esto, hay que afirmar igualmente -y esta es una de las grandes aportaciones de san Ignacio, entre los clásicos, de la teología y espiritualidad del discernimiento- que el verdadero discernimiento espiritual integra la racionalidad crítica.
En realidad intuición contemplativa y de fe y racionalidad crítica son, en el discernimiento, dos percepciones complementarias: en la primera interviene la fe, y en la segunda la sensibilidad, la inteligencia, la racionalidad; la primera busca la dirección de la fe para hallar la voluntad de Dios o su acción en una determinada situación; y la segunda busca la descripción crítica de la realidad, de las mediaciones humanas y los factores que en ella intervienen, o la fórmula eficaz de salida a una situación dada. Pero habrá que decir igualmente que aunque integra el análisis racional no podrá confundirse con el mero cálculo de probabilidades, desde la propias posibilidades, que habrá que trascender desde lo más propio de la fe: la incondicionalidad de la entrega, desde la confianza en fuerzas no propias sino en Dios. No es posible la auténtica experiencia espiritual y vocacional cristiana y franciscana desde una actitud permanente de calculo, como anteriormente he recordado.
d) Y afirmar que es un instrumento de naturaleza espiritual significa también que no es un sistema de seguridades, con el que uno podría apropiarse de la voluntad de Dios sobre sí y su acción: los maestros del discernimiento hablan siempre de un «juicio prudencial». El discernimiento es un instrumento de búsqueda de la voluntad de Dios y los signos de su acción, para vivir en obediencia, desde certezas de fe siempre revisables.