10. Unidad de contemplación y misión
9. Ir por el mundo en forma contemplativa
De todo lo dicho anteriormente, se puede deducir que también la actividad misionera, el "Ir por el mundo" (1 R 14-16), debe estar bajo un signo contemplativo. Igual si Francisco predica, vive con los leprosos o realiza el trabajo despreciado de los pobres - el lo hace desde la plenitud del encuentro con Dios.
Existe en la literatura de ese tiempo una fórmula que nos lo muestra con claridad: Francisco quería "contemplando se tradere" (=entregarse desde la contemplación). Esa formula se hace comprensible comparándola con la dominicana: "contemplata aliis tradere" (=entregar a los demás lo conocido en la contemplación, o sea transmitir o comunicar a los demás lo experimentado).
Francisco y Clara van mas allá: para ellos, la contemplación nunca termina, es más, el encuentro con los leprosos y los enfermos, el trabajo pesado, la convivencia fraterna, la solidaridad, el sufrimiento de la propia debilidad, la muerte - todo esto se convierte en lugar para la contemplación. En la devoción hacia Dios que se manifiesta en todo esto, ellos se entregan por completo.
10. Tener el espíritu del Señor: oración y devoción
Clara era por esencia contemplativa. El espíritu de la oración y la entrega a Dios, la marcaban al igual que a su padre, hermano y amigo Francisco. Retomando algunas de sus palabras, ella escribió en su regla que las hermanas tengan el espíritu de Señor y su santa operación (RC 1 10,9). Por solidaridad con la gran mayoría de sus congéneres, el trabajo corporal era para Francisco un gran anhelo (cf. Test 20). Por esto Clara tampoco dejó de tejer y bordar, aunque desde 1224 ella permanece casi todo el tiempo en cama.
Por tanto la contemplación es para los dos la base sobre la cual realizan sus trabajos. Según ellos, la dignidad del hombre, creado por Dios, está en su obediencia a Dios; en la "devotio" (de "votum" = Voto, entrega total) y la oración. No debe suceder que el hombre viva en función de lo material y de esa manera pierda su dignidad (Ant; 2 R 5). Las concepciones de San Francisco y Santa Clara están, en cierta forma, a medio camino entre la de San Benito y nuestra concepción moderna.
El punto de vista benedictino, está marcado por el "ora et labora" (ora y trabaja). El eje en el cual gira todo lo demás, sobre todo el trabajo, es la oración. Visto desde el trasfondo del mundo antiguo, esto se hace comprensible. La verdadera humanidad se realizaba fuera del trabajo, en el ocio, que era privilegio del hombre libre. El trabajo pesado físico se dejaba al esclavo (artes "liberales" vs. trabajos "serviles").
La oración como realización de la vida espiritual, era parte del ocio, o sea de la vivencia en la cual el hombre se experimenta como hombre. Por esto la oración estaba en primer lugar. El trabajo era lo opuesto de la oración. En la tradición benedictina, el trabajo es sobre todo trabajo cultural (transmisión de la cultura antigua al mundo actual, transcribiendo manuscritos, etc.), no es tanto trabajo físico, que también en el convento se dejaba a los conversos (hermanos seglares de las Ordenes monásticas medievales) y a los peones. Francisco y Clara --y esto era nuevo en su tiempo --convertían el trabajo físico pesado, en una expresión de solidaridad cristiana y humana.
La oración no va aparte del trabajo, sino que se realiza dentro del mismo: el espíritu de la oración y devoción no se debe extinguir, sino que se debe incluir en la realización del trabajo. No uno al lado del otro, sino una unificación de la oración y del trabajo, es el programa de vida de la fraternidad franciscana.
Desde ese entonces la humanidad ha logrado dar otro paso. Con el tiempo, los cristianos descubrieron, que el trabajo no es solamente una carga, sino que también una gracia (cf. 2 R 5,1), participación en el acto de la creación de Dios mismo. Dios no creó un mundo completamente terminado, sino que da participación a los hombres en su quehacer creador. Por esto el lema benedictino "ora et labora", se convirtió poco a poco en "labora et ora". El eje, en que gira hoy todo, es el trabajo, en el cual se incluye la oración. Pero con frecuencia puede suceder que se le dé tal importancia al trabajo, que se olvide de la oración e incluso la descuide conscientemente y se la considere como pérdida de tiempo, que sin justificación impide al hombre trabajar.
El trabajo se ha convertido hasta tal grado en lo central, que el valor del hombre hoy se mide por el trabajo y un desempleado puede por esto mismo, perder su dignidad. Posiblemente estamos hoy en un momento decisivo en la historia humana. En vista del hecho de que también en los países industrializados haya cada vez más desempleados y que en el futuro tampoco será posible el trabajo diario, se debe redefinir el concepto de trabajo y se deben encontrar nuevas áreas de actividad.
El "ora et labora" adquiere una dimensión mucho más variada: el tiempo para el ocio, la contemplación se aumenta, el trabajo se ampliará en más áreas de actividad. Por esto la actitud contemplativa, la percepción del el misterio, debe confluir en muchas nuevas actividades.
En todo caso, el trabajo adquiere su sentido cristiano no sólo por el "espíritu de la oración y devoción" o por una "buena intención", sino por lo que es el trabajo o las diversas actividades en sí: participación en la obra creadora de Dios, interacción en el plan de salvación de Cristo, que consiste en preparar al hombre para el reino de Dios. El trabajo debe ayudar a construir "la ciudad de Dios".
Esto significa que el trabajo mismo se convierte en un acto religioso y sólo puede ser así cuando queda incluido en el acto de contemplación. La síntesis, en que se debe trabajar, se denomina, oración en el trabajo, durante el trabajo y por medio del trabajo. No se trata de orar por una parte y actuar por otra, ni tampoco se trata de oración fuera del compromiso cristiano concreto en el mundo, sino de una oración durante el compromiso total, o sea la experiencia de un encuentro con Dios durante el encuentro con los hombres.
Una síntesis tal, para ser completa y duradera, debe aprovechar toda la riqueza de la oración como un encuentro privilegiado con el Señor y también todo el valor religioso del trabajo y del compromiso, que realmente se tome parte en la justicia y la fraternidad.
La contemplación siempre debe llevar a la práctica, al trabajo, al compromiso por la justicia y la paz, a la liberación de los pobres de su opresión, a la formación de una verdadera humanidad. El objeto de la contemplación son entonces también las áreas profanas. No sólo se quiere "mirar" y meditar en Jesucristo, en Dios, en textos y en realidades espirituales, sino sobre todo en el hombre que uno se encuentra, el trabajo que se realiza, y el pedazo de mundo que a uno le fue confiado.
Tal vez es precisamente esto lo que tenemos que aprender de Francisco y Clara.

Clara camina hacia Santa María de los Ángeles
Conclusiones
La contemplación, es una dimensión de la vida humana y por eso no es un privilegio de pocos.
Ser contemplativo significa descubrir el significado de la vida y de la realidad, ver el mundo como un símbolo que lleva hacia el misterio de Dios. En esto está implícia una obligación, transformar este mundo en el reino de Dios por la fuerza de la resurrección. Vivir de manera contemplativa no significa apartarse del mundo sino comprometerse con él, --"ir por el mundo"-- de una manera activa, para convertirlo en un mundo mejor.
Sólo se puede descubrir a Dios descubriéndose uno mismo y estando unido con otras personas y con el mundo. La contemplación supone una experiencia vivida. Ella es la condición de una misión, que significa que nos pongamos en contacto con las fuerzas del mal en nuestra existencia.
Una persona contemplativa también se comprometerá con la justicia y la paz, por la conservación de la creación y de la libertad. No es necesario desentenderse del mundo, seguir un estilo de vida particular, por ej. vivir en un ashram (eremitorio), en un convento o seguir algún programa ascético riguroso. Sé siempre tú mismo dondequiera que estés.
La contemplación bien entendida, es una invitación, a ser un hombre completo y cualquier tipo de contemplación que no tiene en cuenta al prójimo, está fuera de lugar.