11. La opción por Cristo y la extensión universal
1. Las convicciones religiosas del siglo XIII
En el siglo XIII se popularizaron diferentes convicciones religiosas que ejercían un poder indiscutible. Puesto que esas ideas hacen parte del trasfondo de la vida de San Francisco, debemos analizarlas más de cerca, para comprender de qué manera Francisco se comportaba respecto a ellas.
1.1. Fuera de la Iglesia no hay salvación ("Extra ecclesiam nulla salus")
Muy solemnemente el concilio Lateranense, IV de 1215, anunciaba: Solamente existe una Iglesia universal de los fieles. Fuera de esa Iglesia, no se puede salvar ningún hombre. En ella, Jesucristo es al mismo tiempo, sacerdote y ofrenda. Su cuerpo y sangre es sacramento del altar, bajo las formas de pan y vino está contenido de verdad, luego de ser convertido por el poder de Dios, el pan, en el cuerpo y el vino, en la sangre: Para que recibamos del Padre, lo que Él asumió por nosotros, y se complete la unidad misteriosa (Denzinger 430).
Se debe enfatizar que esta declaración en realidad no hace alusión a las relaciones entre las religiones. La declaración "fuera de la Iglesia no hay salvación", es más bien la confesión de fe que propuso la Iglesia a los cátaros y valdenses, que se ofrecen como alternativa cristiana para la Iglesia y que por eso también se desarrollan como una institución autónoma (sacerdotes, sacramentos).
Esa declaración absoluta que se manifiesta en esa frase debe entenderse primero como "intrapolitca", para cristianos bautizados y no debe tomarse como "extrapolítica", para otras religiones. Para Francisco mismo es inimaginable vivir fuera de la Iglesia y sin sus sacramentos.
Pero de ninguna manera trata él despectivamente o polémica a los cátaros o valdenses. El enfatiza siempre la unión entre universalidad y sacramentalidad. La salvación de los hombres, según él, depende de... las nuevas señales del cielo y de la tierra, que son grandes y muy excelentes ante Dios y que por muchos religiosos y otros hombres son consideradas insignificantes (1 CtaCus 1). Según Francisco, el destino del mundo depende de la eucaristía como también del bautismo y del sacramento de la reconciliación.
En un posterior desarrollo, la frase de confesión de fe del Concilio Lateranense IV lamentablemente se aplicó a otras religiones. Estas, según el Concilio, no tenían ningún valor salvífico positivo, hasta que con el concilio Vaticano II, en el nombre de la voluntad salvífica universal de Dios, fueran reconocidos como caminos de salvación. (cf. Lecc. 15).
1.2. La conversión violenta ("Compelle intrare")
Las experiencias, que la Iglesia hizo en la conversión de los esclavos y con el encuentro con el Islam, llevaron progresivamente a un comportamiento nuevo. En vez de una espera paciente y un anuncio pacifico, ésta recurrió a la violencia. Desarrolló, el concepto de una guerra justa, incluso, santa: que el fin santifique los medios.
Abusando de la Biblia o por lo menos malinterpretándola (cf. Lc 14,15-24), se quería forzar a las personas a la fe "correcta".
Ese pensamiento, ya está incluso fundamentado en San Agustín. Uno de los representantes más destacados de esa concepción y a la vez una figura definitiva en toda la Iglesia, es Bernardo de Claraval (+ 1153).
De esa manera se realiza cruzada, tras cruzada, tanto en contra del Islam como también contra los movimientos "heréticos" de la Europa de ese entonces. Francisco y a su manera también Santo Domingo, se apartaron respecto a esto, de las concepciones y prácticas generalizadas de su época. Ellos tienen encuentros con los "infieles" y con los de "otras creencias", en forma razonada y sin violencia (cf. Lecc. 16 y 23).

Francisco baja del monte Alverna
1.3. La tendencia a la teocracia universal
Con el papa Inocencio III (+1216), la Iglesia alcanzó su punto máximo de poder político. Pero ese poder necesitaba de una justificación ideológica y teológica. Entre los Franciscanos, también San Buenaventura (+1274), contribuyó a esa justificación. Así como solamente existe un Dios creador del mundo, así también, según su concepción, sólo debe haber un representante en lo visible, que debe mandar sobre toda la tierra, el Papa.
Al leer los escritos de San Francisco, teniendo presente este trasfondo, nos damos cuenta de que contienen muchos indicios de esto, entre otros, el énfasis repetitivo de las funciones especiales del Papa, un reconocimiento sin crítica de la figura papal concreta, la carta a las autoridades de los pueblos ... Sin embargo se pueden leer los escritos del santo sin esa tendencia teocrática.
Es erróneo querer deducir hoy de ese hecho histórico una obediencia especial, que es común en todos los religiosos, o acaso una especial aquiescencia respecto a las disposiciones eclesiásticas centrales o diocesanas. Contra los obispos, casi completamente autónomos, los hermanos menores tenían que recurrir a la ayuda de la máxima autoridad.
Sólo la aprobación papal y el otorgamiento de una cantidad de privilegios papales desde 1216, evitaron las prohibiciones de obispos locales contra la Orden o incluso su persecución.