12. Fraternidad universal: reconciliación con Dios, la humanidad y la naturaleza
2.3. Cercanía a Cristo
Las raíces religiosas de la conciencia ecológica moderna se remontan hasta el siglo XIII. El Cántico de las criaturas en realidad ya incluía una dimensión ecológica, como lo demuestran las palabras con las cuales una fuente hace la introducción de la noticia de la redacción del Cántico de las criaturas: "Cada día ellas satisfacen nuestras necesidades; sin ellas no podemos vivir, y, sin embargo, por ellas el género humano ofende mucho al Creador" (LP 83). Es dudoso que Francisco hubiera encontrado su relación con la naturaleza, si no hubiera encontrado antes a Cristo.
Existe incluso un pasaje en donde Francisco une toda experiencia de Dios con Cristo (cf. REr 1). También el biógrafo nos hace entender esa interpretación, al mostrarnos la situación especial bajo la cual nació el Cántico de las criaturas:
Francisco hace primero una experiencia de fragilidad y amenaza extrema ("infirmitas"), de resignación y noche oscura ("tribulatio"), una experiencia que se podría señalar como característica de nuestro tiempo.
La segunda experiencia de Francisco es la de acercarse a Dios, su misericordia, que se convierte en una nueva fuerza ("confortatio") y una nueva seguridad ("certificatio"). Sólo esta segunda experiencia, hace posible la creación de ese maravilloso poema a la creación, el Cántico de las criaturas. Sólo por razón de esa cercanía del hermano Jesús con Dios, las criaturas pueden ser llamados hermanos y hermanas.
Esto también se puede expresar con las palabras que Francisco mismo utilizó:
"Así, pues, besándoles los pies y con la caridad que puedo, les suplico a todos ustedes, hermanos, que tributen toda reverencia y todo el honor, en fin, cuanto les sea posible, al santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, en quien todas las cosas que hay en cielos y tierra han sido pacificadas y reconciliadas con el Dios omnipotente" (CtaO 12s.). En la eucaristía el pan y el vino, se convierten en los dones de la creación, en el lugar en el cual Dios se acerca a los hombres por medio de Jesús. Las señales santas (=sacramento) no sólo se refieren a la relación entre Dios y el alma humana.
El jesuita, naturalista y filósofo Teilhard de Chardin expresa --enteramente dentro del espíritu franciscano-- que ellas tienen una dimensión cósmica. Toda la materia recibe por el acontecer eucarístico la "gran bendición". Tal como en la eucaristía, los hermanos deben, también en el sacramento de la penitencia, abrirse al Dios reconciliador. Francisco los exhorta frecuentemente y con insistencia a confesar los pecados. El confía plenamente en que Dios les otorga gran misericordia a los pecadores arrepentidos.
Las raíces cristianas de la conciencia ecológica franciscana también se ven con claridad en las áreas de problemas, en las cuales ya en el siglo XIII fueron necesarias medidas ecológicas. Claro está que en ese entonces no había tal grado de contaminación de la naturaleza, pero ya existía explotación indiscriminada de la naturaleza por la tala de los bosques (para la minería, construcción de barcos etc.).
Tal vez la anécdota de no talar el árbol, de la cual hablamos anteriormente, tiene relación directa con la intervención masiva en la existencia de árboles del monte Subasio. Seguramente existía en otro plano una contaminación amplia del lenguaje y de las señales. Las palabras, las frases y los textos podían dañarse y desaparecer. Francisco no quería borrar una palabra, una vez que estuviera escrita.
El respetaba cada palabra como digna del misterio. El no quería que la palabra, los textos y los libros se dejaran simplemente ahí, sino que se guardaran en un lugar, que fuera correspondiente a la dignidad del misterio. Porque aun las palabras más triviales, así pensaba Francisco, contienen las letras con las cuales se puede escribir el nombre de Jesucristo y las palabras de Dios. También había una contaminación de las señales: de la iglesia, los altares, de los paños y del pan eucarístico.
Francisco andaba con una escoba para limpiar las iglesias; con copones para recoger el pan eucarístico; con planchas para hornear el pan para la comunión. Clara se le unió en esa empresa: durante su enfermedad ella bordó lienzos para los cálices para las iglesias de los alrededores.
Francisco exigía una relación digna entre el signo y lo significado, o sea Jesucristo.
El estaba convencido de que a nosotros los humanos no se nos ha dado nada más de Dios invisible que Jesucristo, o mejor dicho su palabra y sus señales. Desde ese punto de vista, Francisco veía la creación con nuevos ojos y de una manera completamente diferente. Partiendo de la comprensión de Cristo que tenía, él hubiera luchado contra cualquier clase de destrucción del medio ambiente y su contaminación.
Francisco estaba convencido de que podemos tocar en vida al Dios invisible, teniendo como mediador a Jesucristo. De su experiencia de respeto profundo y alegría por la presencia divina en cada una de las criaturas, él encontró su comprensión de Cristo.
El conocimiento de Cristo, el primogénito de toda la creación y la creencia en la presencia misteriosa de Cristo en los corazones de cada criatura, son básicas para la vida franciscana. El que está consciente de ese misterio y el que por encima del valor propio de cada persona y cada ser reconoce la presencia de Cristo, no puede hacerle daño a ninguna criatura. Tal pensamiento y comportamiento es necesario en nuestro tiempo y es lo que se espera de la familia franciscana.
La condición para una acción concreta, también aquí es una posición interior. En el principio está la disposición de abrir los ojos, los oídos y los corazones a la belleza de todo lo creado. Porque sólo podemos amar aquello que conocemos. Toda persona que se inspire así en el Santo de Asís, se sabe llamada a trabajar con todas las personas de buena voluntad en la preservación de la creación.
La condición para una intervención ecológica, es el conocimiento acerca de la posición del hombre en el conjunto de la creación. El no está por encima de ella, sino dentro de ella. La humildad es la actitud adecuada. La palabra latina para humildad (= humilitas), es muy expresiva: el hombre está relacionado con el humus de la tierra y fue creado de él, según el relato de la creación.
El ejemplo de una armonía familiar entre todas las criaturas no es solamente de la espiritualidad franciscana. También las religiones indígenas, africanas y asiáticas nos dan pautas valiosas.

Francisco repara la iglesia de San Damián
2.4. Solidaridad y "persistencia"
Una base para el comportamiento ecológico es la solidaridad. Esta se refiere también a las generaciones venideras (= "persistencia"), expresado en una frase muy difundida: "Nosotros no hemos heredado la tierra de nuestros padres, sino que la tenemos prestada de nuestros hijos".
Según la espiritualidad franciscana se la debemos "devolver" a Dios, para que la pueda poner a disposición de las personas del futuro. El que practique estos principios, encuentra desde dentro caminos para realizar pequeños pero efectivos pasos para la conservación de la creación. Se nombrarán sólo algunas de las áreas en las cuales se pueda hacer concreto un comportamiento de acuerdo con la creación:
Quien se esfuerce por un estilo de vida más sencillo, es más ahorrador con las dádivas de la tierra (= recursos). Se trata de sólo apropiarse de lo necesario. El estilo de vida individual es un comienzo. El siguiente paso, lleva al encuentro con personas que piensan de la misma manera y también se preocupan por el futuro del planeta tierra. Las agrupaciones ecológicas deben encontrar en los miembros de la familia franciscana un apoyo confiable. Las personas pueden juntas, dar un testimonio profético, ya sea por motivos religiosos o filosóficos, para hacer ver la urgencia de un cambio ecológico.
Las personas que tienen responsabilidades en la sociedad, políticas o económicas, tienen posibilidades adicionales de ayudar en la preocupación por la "madre tierra". Sobre todo los miembros de la Orden Franciscana Seglar, tienen oportunidades claras para poner ejemplos efectivos. De esa manera, el espíritu alegre y vivo de San Francisco puede ser de ayuda en la resolución de una de las tareas más importantes de la humanidad actual.