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Apunte 13.- La misión franciscana y el anuncio de la Palabra |
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Desarrollo"Ay de mí si no anunciara el Evangelio"Pablo, de quien provienen estas palabras, se sabía llamado al apostolado y por consiguiente al anuncio de la palabra. Sin necesidad de ministerio o encargo ministerial, los fieles de Jerusalén que fueron dispersados en las primeras persecuciones, anunciaban la palabra y fundaron en Samaria las primeras comunidades cristianas (cf. Hch 8,4). Sabemos de muchas fuentes de la historia de la Iglesia, que laicos sin educación teológica y sin encargo ministerial especial, no solamente convertían a personas individuales al cristianismo, sino que también fundaban comunidades y que en tiempos de persecución lideraban comunidades. El movimiento franciscano retoma la práctica de los primeros tiempos del cristianismo. Hermanos laicos y hermanas, como también mujeres y hombres de la Tercera Orden seglar realizan su servicio por medio de la misión y el consejo espiritual. Frecuentemente sucedía y sucede que su fe vivida es más atrayente y por consiguiente más convincente que la educación teológica teórica. Esto se puede ver en la siguiente historia:
Bernardo de Quintaval se desprende de sus bienes 1.- La comunidad como portadora del anuncioEl Capitulo General extraordinario de los franciscanos en Medellín ha manifestado decididamente que la comunidad fraterna es la propia portadora del anuncio y esto también es válido para las hermanas: "Nosotros, seguidores de san Francisco, viviendo en las fraternidades locales, deseamos servir a las comunidades cristianas del lugar y sostener en su misión apostólica a estas agrupaciones locales, en el mundo que les es propio. "Como el Pueblo de Dios vive en comunidades, sobre todo diocesanas y parroquiales, en las cuales de cierto modo se hace visible, a ellas corresponde también el dar testimonio de Cristo delante de las gentes. La gracia de la renovación en las comunidades no puede crecer si no dilata cada una el ámbito de la caridad hasta los últimos confines de la tierra... (AG 37)" (C.G. Medellín 1971, 16). Pablo VI declaró que las comunidades "siendo destinatarias privilegiadas de la evangelización, ellas mismas se convertirán rápidamente en anunciadoras del Evangelio." (EN 58). Entonces, la pequeña comunidad es el lugar del anuncio. A esas pequeñas comunidades locales les deben servir los hermanos y hermanas orientados en el espíritu franciscano. De esa manera se cumple un principio fundamental del anuncio: Nosotros predicamos por medio de nuestra vida en fraternidad. Allí radica el hecho, de que los hermanos debían andar por el mundo de dos en dos para anunciar el Evangelio por medio de su vida y su llamado a la penitencia. Se podría hablar de comunidades de la fe itinerantes, que hablaban de amor y esperanza y que no tenían miedo a demostrar que son hermanos. La imagen del monje solitario que va predicando por el mundo, no sólo está en contra de los deseos de Francisco, sino también de la tendencia fundamental de la historia franciscana.
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