16 - Encuentro con los musulmanes
Desarrollo
1. El Concilio Vaticano II
1.1. Respeto
En el documento mas breve del Concilio, la "Declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas" (= Nostra aetate), la Iglesia simple y directamente declara: "La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes" (NA 3).
Apenas empezamos a comprender lo que una declaración tal debe significar para una teología y una comprensión misionera, que no quiere tomar en serio las religiones no cristianas. El documento del Concilio Vaticano II no solamente da una serie de aspectos positivos que le parecen familiares al pensamiento y sentimiento cristiano y que pueden ser retomados también por los cristianos. También pide comprensión mutua y que "olvidando el pasado, procuren sinceramente una mutua comprensión, defiendan y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres" (NA 3). Se debe desarrollar una nueva concepción que se esfuerza por encontrarse con el Islam en una actitud de humildad y de "minoritas" (= ser menores). Nos sentimos alentados a tomar esta actitud por Francisco.
1.2. Diálogo
El cambio positivo del Concilio respecto a las otras religiones ha ocasionado que los teólogos revisen su compromiso misionero y que se esfuercen por una comprensión teológica, que haga justicia a la vida y ejemplo de los musulmanes creyentes. Si tomamos esto en serio, no podemos utilizar maneras de hablar triunfalistas, o despectivas con la afirmación de que los cristianos poseen toda la verdad y a las otras religiones se les atribuye, a lo máximo, el ser semillas (Lecc. 15, 3.3).
En el fondo los cristianos y los musulmanes tienen la misma convicción. Desafortunadamente nos separa una historia llena de desencuentros dolorosos y también unl presente con experiencias amargas. Por esto es tan importante que los cristianos y los musulmanes se reconcilien, para poder compartir en el diálogo los valores comunes.

Francisco pide albergue a la puerta de un monasterio
1.3. Consecuencias
De esto resultan dos consecuencias importantes. Primero, debemos evitar en nuestras relaciones con los musulmanes todo aquello que de palabra y de obra lleva a menospreciar su persona, su fe o su manera de vivir. Todas las comparaciones entre "buenos" cristianos y "malos" musulmanes y viceversa deben evitarse. Se debe continuar la búsqueda de lo bueno y positivo de ambos lados, pues hay personas buenas y sinceras entre los musulmanes y entre los cristianos. La conversión eventual hacia la fe respectiva ha de verse como una obra de Dios. En nosotros está el dar testimonio de nuestra fe con nuestra vida y nuestro comportamiento con los demás.
En segundo lugar existe la necesidad urgente de reflexionar sobre nuestra fe y de formularla de nuevo. Esto lo exige tanto la historia de la formación de la doctrina de la fe, como también la situación concreta en que nos encontramos hoy. Para la comprensión de las bases de fe cristianas debemos tener presente el fondo histórico y social, en que ellas fueron formuladas. Pero también la situación en que nos encontramos exige que hablemos de nuestra fe de modo que pueda ser entendida por otros. Debemos diferenciar entre el contenido de nuestra fe y la manera como hablamos de ella con otros. Esto vale sobre todo al hablar de la Trinidad y la divinidad de Jesucristo frente a la creencia en un solo Dios de los musulmanes.