23. La labor franciscana por la paz
2. Alternativa no polémica
La forma de vida franciscana está determinada esencialmente por el "abandonar el mundo" (cf. Test 3; 1 R 22,9). Sólo puede ser totalmente comprendida como alternativa a la vida ciudadana. Esto también se refiere a la manera como se cubren las necesidades básicas: En vez de que todos luchen por el dinero y posición, y de que traten de solucionar sus propias necesidades por sus propias fuerzas, por una afirmación y fijación egoísta, Francisco confía en el cuidado mutuo, en la entrega, en la confianza de que cada uno vele maternalmente por el otro (cf. 1 R 9).
Pero la alternativa va más allá del plano económico: también se trata de que uno se comporte en forma deferente para con el otro: no debemos ser lobos entre nosotros, sino hermanos y hermanas. Francisco no representa esta alternativa ni agresiva ni polémicamente. El más bien está convencido de que una nueva comunidad pacífica sólo se puede crear cuando la meta y el método estén en un mismo plano.
El discurso de la misión evangelizadora (cf. Mt 10, 1-42) que esencialmente se ha compenetrado en la forma de vida franciscana, contiene, entre otras cosas, el convencimiento de que sólo se puede crear paz por medio de la paz. Por eso Francisco vive con sus hermanos como principio establecido el que no se "promuevan disputas y controversias" (1 R 16,6) y "si vemos u oímos decir o hacer mal o blasfemar contra Dios, nosotros bendigamos, hagamos bien y alabemos a Dios" (1 R 17,19). Aunque le parecen erróneas y malas las tendencias de Asís, Francisco quiere, por un compromiso total, movilizar otras fuerzas y crear otras realidades históricas por el testimonio evangélico. También es muy importante el hecho de que Francisco sí sabe diferenciar muy bien entre sistema e individuo. Por muy maligno que le parezca a Francisco el sistema, él no quiere condenar moralmente a las personas que viven en ese sistema. "Amonesto y exhorto a todos ellos a que no desprecien ni juzguen" (2 R 2,17).
Según la literatura biográfica, Francisco tuvo una razón para esa determinación en su regla:
"'porque Dios es Señor nuestro y de ellos, y los puede llamar hacia sí, y, una vez llamados, justificarlos'. Decía también que quería que los hermanos respetaran a estos hombres como a hermanos y señores suyos, pues son hermanos, en cuanto han sido creados por el mismo Creador, y son señores, en cuanto que, proveyéndoles de lo necesario para el cuerpo, ayudan a los buenos a hacer penitencia. Y seguía diciendo: 'Tal debería de ser el comportamiento de los hermanos entre los hombres, que cualquiera que los oyera o viera, diera gloria al Padre celestial y le alabara devotamente'. Todo su afán era que así él como los hermanos estuvieran tan enriquecidos de buenas obras, que el Señor fuera alabado por ellas. Y les decía: 'Que la paz que anunciáis de palabra, la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones. Que ninguno se vea provocado por vosotros a ira o escándalo, sino que por vuestra mansedumbre todos sean inducidos a la paz, a la benignidad y a la concordia" (TC 58).

Tránsito de Francisco a la gloria
Francisco, entonces, también ve para las personas que viven en un sistema injusto y que participan en él por su comportamiento, una oportunidad: Dios es su futuro. El puede cambiarlos. Esa fe corresponde a un comportamiento concreto: ni desprecia ni condena a aquel que está atrapado por un sistema, sino pacificación. A esto se suma, que Francisco reconoce que incluso la alternativa vive del sistema aun cuando ella esta opuesta al sistema por un comportamiento profético. Con frecuencia se afirma en relación con esto que Francisco rechazaba la crítica. Esto es correcto únicamente cuando se entiende la crítica en un sentido negativo. Pero cuando se relaciona con la idea de discernimiento, que es de gran importancia en la historia occidental, entonces ese pensamiento se desvanece.
Desde tiempos antiguos, la "capacidad de discernimiento" (= "discretio", "discernere") era alabada como un don del Espíritu Santo (cf. 1Cor 14,29) y como una virtud indispensable. Esto también es así en Francisco de Asís, que se supone diferenció entre lo divino y lo demasiado humano, aun en contra de los santos (comp. LP 10) y los sacerdotes (cf. Test 9). Dice así: "Y no quiero advertir pecado en ellos (= "considerare"), porque miro en ellos al Hijo de Dios" (="discerno"). Naturalmente Francisco refirió esa capacidad de discernimiento, esa concepción crítica, a la ciudad, al Estado y a toda la sociedad, si no no hubiera podido asumir su posición alternativa.