Estudiantado de Confres, hacia una conversión y evangelización fraternas
“Tan pronto como llegó a oídos de muchos la noticia de la verdad, tanto de la sencilla doctrina como de la vida del varón de Dios, algunos hombres, impresionados con su ejemplo, comenzaron a animarse a hacer penitencia, y, abandonadas todas las cosas, se unieron a él, acomodándose a su vestido y vida”. (LM 3, 39).
Efectivamente, son ya cerca de dos años los que llevamos algunos hermanos de las varias Provincias de España en la Casa de Formación de Confres en Murcia. A lo largo de estos dos cursos hemos ido comprobando cómo crece nuestro entusiasmo por el anuncio del Reino y por progresar en nuestro conocimiento de Jesús de Nazaret y vocación de hermanos menores. Es así que, a medida que avanzamos en la tarea y misión encomendadas en esta etapa de formación inicial, en lo específico del día a día de nuestra vida fraterna, son ya muchos los hermanos y hermanas con los que hemos podido compartir el don de la vocación franciscana a través de la cual deseamos hacer presente, de manera sencilla, la persona de Jesús. Es por ello que, a la luz del propio Francisco de Asís y sus primeros hermanos, podríamos hacer un breve balance de lo que ha supuesto para la fraternidad interprovincial de Santa Catalina este año.
El curso 2009/10 ha transcurrido tal como programamos en el proyecto de vida fraterna cuando éste se inició. En este nuevo período llegaron dos hermanos recién profesos: Juanlu, de Granada y, Carmelo, de la Bética. Aprovechamos la ocasión de esta crónica para presentar también a los nuevos hermanos que se unen en breve a esta fraternidad en el nuevo curso 2010/11: Álvaro, de Aránzazu y, Rubén, de Cartagena-Murcia que acaban de emitir la Profesión Temporal en Santo Espíritu del Monte. La marcha de la casa vino siendo la misma que la del año anterior, pero siempre distinta y renovada, pues la vida franciscana debe entenderse como aquella forma de vida en donde los hermanos se deleitan en hacer las pequeñas cosas de cada día como en el hogar de Nazaret, con espíritu de servicio alegre y motivaciones siempre nuevas. No cabe la monotonía ni el aburrimiento, aunque hayan momentos de desaliento y “bajones” de desánimo; los hermanos somos instrumento del mismo Dios para alentar nuestras vidas y seguir el camino trazado: “andemos hermanos, porque hasta ahora poco o nada hemos hecho”.

En la romería de la Virgen de la Huerta.
DIMENSIÓN ACADÉMICA
En lo académico, las clases sí han variado, pues cambiamos de curso, de materias, etc. Es un nuevo año repleto de ilusiones y ganas de ampliar nuestro conocimiento intelectual. Como evaluación final de éste podemos afirmar que merece la pena indagar en el Misterio y conocer más de cerca de la persona y misión principal de Jesús: la Buena Nueva.

Despedida del Hno Pedro de Fátima, profesor de Derecho Canónico
DIMENSIÓN PASTORAL
En el ámbito pastoral, los hermanos nos hemos dedicado a atender y colaborar en aquellas necesidades que la sociedad e Iglesia actuales nos piden y están a nuestro alcance: ayuda en los programas de desintoxicación de drogodependientes; en comedores y albergues para transeúntes e inmigrantes; Parroquias de la Diócesis de Cartagena-Murcia; grupos de jóvenes; grupos de formación y oración franciscanos; visita a enfermos e impedidos; atención de algunos monasterios de vida contemplativa femeninos; docencia en el Instituto Teológico; colaboración en algunas de las actividades de la Provincia de Cartagena y de la Familia Franciscana; y en las diversas actividades que llevamos a cabo en nuestra casa.
VIDA DE ORACIÓN Y FRATERNIDAD
La totalidad de nuestra vida de hermanos menores una vez expuestos estos puntos: solidaridad, misión, penitencia, formación; se completa con aquellos dos elementos necesariamente vitales para la misma: el espíritu de oración y devoción y la vida fraterna. En ambos hemos progresado en este nuevo curso. La celebración de la Liturgia y demás celebraciones en torno al misterio de nuestra fe cristiana, han ido cobrando un renovado esplendor en un ambiente celebrativo y festivo. El tiempo de oración personal que cada hermano dedica a nivel personal y comunitario son espacios en donde cada vez se necesita más de la relación con el Absoluto, quien dirige nuestras vidas por la senda de la paz y el bien. La vida en fraternidad, unida a esta primera, cobra también su importancia, pues en ella se pone de manifiesto cuanto celebramos y deseamos hacer vida en nosotros. La comprensión, la amabilidad, la cercanía, el respeto, la ayuda que cada uno de los hermanos nos manifestamos, aún en las diferencias, son ejemplo de la posibilidad de la construcción de un mundo mejor y más fraterno. Mucho nos queda por hacer, limitada es nuestra condición humana y, nuestras flaquezas están siempre muy a flor de piel, pero sin embargo, adquiere un peso mucho mayor el amor que Dios nos tiene y nos ofrece en cada instante en el rostro y vida de cada uno de los hermanos con los que compartimos el don de la vocación.

Con un grupo parroquial de jóvenes que se preparan para recibir la confirmación.
“Cierto día en que reflexionaba en un lugar solitario sobre los años de su vida pasada, deplorándolos con amargura, de pronto se sintió lleno del Espíritu Santo, y fue cerciorado entonces de que se le habían perdonado completamente todos sus pecados (…) Vuelto seguidamente a sus hermanos, les dijo: confortaos, carísimos, y alegraos en el Señor, no estéis tristes porque sois pocos, ni os amedrente mi simplicidad ni la vuestra, ya que -según me ha sido mostrado realmente por el Señor –Él nos hará crecer en una gran muchedumbre y con la gracia de su bendición nos expandirá de mil formas por el mundo entero”. (LM 3, 6)
Esta es, pues, nuestra meta, sabernos amados apasionadamente por Él que, sin tener en cuenta nuestra torpeza, nos capacita para amar y dar la vida por los demás. Sí, es posible un mundo mejor, una fraternidad donde todos, sin excepción puedan sentirse y ser hermanos, una Iglesia que abre sus puertas y acoge a todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Es un gran reto el que la sociedad de hoy nos propone. El mismo Jesús nos invita a ir por todo el mundo a anunciar el evangelio. Francisco nos da la clave de este anuncio a su estilo: ser menores, los últimos, ponernos al servicio de todas las criaturas y responder siembre con una bendición. Los hermanos menores de España y Portugal nos dirigimos a hacer realidad esta mismidad en el proyecto de unificación y reestructuración de Provincias. Santa Catalina en Murcia y Santo Espíritu en Valencia, junto con otros proyectos, son ya una realidad de este sueño. Es posible vivir unidos por hacer presente el Reino, comenzando por las cosas pequeñas: en nuestras casas, ambientes, tareas pastorales; y esto se hace extensible a tantos cuantos deseen colaborar en la causa del Evangelio.
El Señor os dé la paz.
Hno. José Cuadros García. ofm
