III Encuentro de Vicarios y Prelados Apostólicos
1 de octubre de 2011. Opción por la Iglesia pobre presencia franciscana en los vicariatos, prelaturas y lugares de frontera confiados a la ofm. (Roma, Curia general OFM, 29 y 30 septiembre 2011)
Fr. José Rodriguez Carballo, ofm
Ministro general, OFM
Para comenzar
Miremos a Francisco. El Poverello nos dice: "Consideremos, hermanos muy amados, nuestra vocación. Aquella a la cual Dios misericordiosamente nos ha llamado, no sólo para nuestra salvación, sino también para la de un gran número: Id por el mundo y exhortadles, más con el ejemplo que con la palabra, a hacer penitencia de sus pecados y a cumplir los mandamientos de Dios" (Tc 36). Desde un principio Francisco había ordenado a sus frailes: "Id hermanos míos, de dos en dos, por los caminos del mundo" (1Cel 29), con la misión de "llenar la tierra con el Evangelio de Cristo" (1Cel 97). Y poco antes de morir les recuerda: "El Señor os ha llamado para ser enviados al mundo entero" (CtaO 9).
Nuestra Orden es una Orden misionera desde sus orígenes. Con razón Juan Pablo II escribió al Capítulo general del 1991: "La misión es la razón de ser de vuestra Orden" (Mensaje, 5). La dimensión misionera está en el DNA de nuestro carisma. Así aparece en los textos fundacionales, como se puede ver en la primera y segunda Regla (cf. 1R XVI, 2R XII) Así lo muestra nuestra historia desde sus orígenes: el envío de los primeros frailes al claustro del mundo (1Cel 29-30; LM 3, 7), el encuentro de Francisco con el Sultán (cf. 1Cel 57; 2Cel 30; LP 77), la presencia y luego la muerte de los protomártires en Marruecos (cf. Celano, Tratado de los Milagros 1; 2Cel 208). Así lo muestra, también, la fidelidad de la Orden a esta llamada misionera hasta hoy: en la primera evangelización de América, en la evangelización del extremo y próximo Oriente y en lugares de frontera evangelizadora tanto ayer como hoy.
Nuestra historia, particularmente la de nosotros Hermanos Menores, respondiendo creativamente a nuestra espiritualidad y a las exigencias eclesiales del momento, muestra que somos una Orden misionera ad intra, en territorios cristianos, y ad extra, en territorios no cristianos, inter gentes y ad gentes. Renunciar a ello sería traicionar nuestro carisma, que, como queda dicho, es esencialmente misionero y apostólico, tal y como nos lo recordó el último Capítulo general en su documento final Portadores del don del Evangelio al invitarnos a restituir el don del Evangelio y anunciar aquello que vivimos (cf. PdE 7).
En todo esto hay que tener bien presente lo que nos recuerda Portadores del don del Evangelio: "Según la Regla (2R XII, 1), la misión no nace de iniciativa humana sino por inspiración divina. Este es un aspecto esencial para revitalizar también nuestras misiones ad gentes. Sólo en la docilidad al Espíritu, que sopla donde quiere y como quiere y que empuja a la evangelización encontraremos la fuerza y al ardor misionero que, a veces, parece venir a menos" (PdE 20).
Las presencias misioneras en la Orden
En el momento presente podemos distinguir tres tipos de presencias misioneras en la Orden.
A) Misiones provinciales:
* En América Latina : La Custodia de Venezuela, dependiente de la Provincia de Santiago (España) ; la Custodia del Sagrado Corazón, Brasil, dependiente de la Provincia de Nápoles ; las Custodias del Caribe y de Paraguay, dependientes de la Provincia de Arantzazu, en España ; la Fundación de Haití, dependiente de la Provincia de Centro América ; la Fundación de Floriano, en Brasil, dependiente de la Provincia de Benevento (Italia) ; la Fundación Uberlandia, en Brasil, dependiente de la Provincia de Salerno (Italia) ; varias presencias entre los indígenas dependientes de algunas Provincias de México.
* En USA : La Custodia de la Asunción de la BVM, dependiente de la Provincia de Mostar (Herzegovina).
* En Europa : La Custodia de san Francisco Solano, en España, dependiente de la Provincia de San Francisco Solano, en Perú; la Fundación bizantina de Ucrania, y la Fundación de Bielorrusia, dependientes de la Provincia de Katowice (Polonia).
* En África, La Fundación de Angola, dependiente de la Provincia de la Inmaculada Concepción de Brasil ; la Custodia de Madagascar, dependiente de la Provincia de Nairobi ; la Custodia de Guinea Bissau, dependiente de la Provincia de Venecia ; la Fundación de Namibia, dependiente de la Provincia de Sud África; la Fundación de Burkina Faso, dependiente de la Provincia de la Provincia del Verbo Encarnado (Togo) ; la Fundación de Centro África, dependiente de la Provincia de la República del Congo.
* En Asia : la Custodia de Singapur y Malasia, dependiente de la Provincia de Australia, la Custodia de Papua New Guinea, dependiente de la Provincia de Indonesia ; la Fundación de Timor, dependiente de la Provincia de Indonesia; la Fundación de Hong Kong, dependiente de la Provincia de Taiwan.
B) Misiones interprovinciales.
* La Custodia de Tierra Santa que, siendo en realidad una Provincia, está formada por hermanos que proceden tanto de los países donde está implantada, como de otras Provincias de la Orden.
* El proyecto Amazonas, dependiente directamente de las Conferencias de Ministros Provinciales de América Latina, aun cuando la obediencia a los hermanos la dé el Ministro general.
C) Misiones internacionales
* Fundación misionera de Congo – Brazzaville (África).
* La Fundación de Tailandia.
* La Fundación de Miamar.
* La Fundación de Rusia/Kazakistán.
* La Fundación de Sudán.
* La Fundación Beato Egidio.
* La Custodia de los Protomártires en Marruecos.
* La Custodia San Francisco, en China.
D) Fundaciones misioneras recientes
En fidelidad a cuanto hemos afirmado, en los últimos años la Orden ha abierto algunas presencias que considero significativas, particularmente por los lugares a los que hemos ido.
* En África: Sudán, Burkina Faso y Namibia.
* En América: Nueva presencia misionera en la selva Amazónica.
* En Asia: Birmania y Cambodia.
* En Europa: La Fundación Beato Egidio y nuevas presencias evangelizadoras, como respuesta a la situación religiosa en que se encuentra el Viejo Continente.
Próximamente la Orden se hará presente en Gana y en Laos. Es en el marco de estas nuevas presencias que nosotros podemos vivir la "aedificatio Ecclesiae", y también la "Implantatio Ordinis", allí donde es posible.
Al mismo tiempo, en estos últimos años el Definitorio general ha trabajado intensamente para potenciar algunas presencias misioneras ya existentes, unas con historia secular, otras más recientes: Tierra Santa, Marruecos, Tailandia, Rusia/Kazakistán, entre otras.
Vicariatos y Prelaturas confiados a la Orden
La Iglesia ha confiado a nuestra Orden 12 Vicariatos Apostólicos -9 en América Latina, 2 en Libia y 1 en Siria-, así como la Prelatura del Nayar, en México, y la de Guapi, en Colombia. Además, a nuestra Orden ha sido confiado la Iglesia local de Tánger, que, aun siendo arzobispado, a la hora de las necesidades pastorales ha de ser equiparado a un Vicariato. En estas Circunscripciones tenemos 1 Arzobispo, 15 Vicarios Apostólicos, y 3 Prelados, uno de ellos emérito. Los hermanos presentes en dichas circunscripciones eclesiásticas son cerca de 120.
Conscientes de la importancia que para la Orden tienen estas presencias misioneras, en los últimos años venimos impulsando la reflexión sobre ellas, en vistas a su revitalización. Esto nos llevó a convocar, en septiembre del 2006, el primer encuentro de Vicarios Apostólicos, Prelados y Ministros provinciales que tienen una responsabilidad directa sobre esas circunscripciones con el Definitorio general. Los objetivos del encuentro eran : conocimiento recíproco y renovar la cooperación a distintos niveles. Al final del encuentro se aprobaron algunas orientaciones para el futuro (cf. Síntesis de los encuentros presentada anteriormente).
En el 2008 tuvimos un nuevo encuentro para revisar lo acordado en el encuentro anterior, particularmente en lo que se refiera a los acuerdos entre las Entidades OFM y los Vicariatos y Prelaturas, a la formación, al personal y a la economía (cf. Conclusiones del I Encuentro).
Dentro de ese esfuerzo de revitalización de nuestra presencia en esas circunscripciones, hemos de situar este III Encuentro de Vicariatos y Prelaturas confiados por la Sede Apostólica a nuestra Orden. En continuidad con los encuentros precedentes, este encuentro quiere seguir sensibilizando, en primer lugar, a las Entidades a las que les han sido confiadas dichas presencias, y, luego, a toda la Orden, de la importancia que dichas presencias tienen para la Iglesia, pero también para nuestra Fraternidad:
"La Orden considera los Vicariatos y Prelaturas que la Santa Sede les ha confiado como verdaderas misiones franciscanas, al mismo nivel de cualquier otro proyecto misionero de la Orden. Por tal motivo la Curia general y las Provincias, especialmente aquellas a las cuales ha sido confiado directamente uno de estos territorios misioneros, renueven su responsabilidad hacia ellos, e, según sus posibilidades, a dichos Vicariatos y Prelaturas también su apoyo y colaboración". En el discernimiento de este apoyo y colaboración "se tengan en cuenta las urgencias pastorales de las Iglesias particulares" (Conclusiones del primer
Encuentro). En segundo lugar este Encuentro quiere revitalizar la vida y misión de dichas presencias misioneras, teniendo en cuenta los signos de los tiempos y de los lugares y, al mismo tiempo, nuestro carisma, especialmente a la luz del documento final del último Capítulo general: Portadores del don del Evangelio (=PdE). La metodología escogida para este encuentro es la del"seminario". Los participantes se dividirán en tres grupos: los que viven en territorios islámicos, los que viven en la zona amazónica, y otros.
Largo y fructífero ha sido el camino recorrido desde el primer encuentro. Mayor conciencia de la importancia que estas presencias tienen para nuestra Orden, la necesidad de buscar una solución (no siempre la misma) para lograr que los hermanos no vivan solos, y mayor solidaridad económica entre las mencionadas circunscripciones, son sólo algunos de los logros que se podrían señalar. Al mismo tiempo, sin embargo, hemos de reconocer que todavía nos resta un camino largo por recorrer si queremos reforzar y revitalizar nuestras presencias en los Vicariatos, Prelaturas y presencias misioneras aquí representadas. Un tema pendiente en algunas de estas presencias es la elaboración de un convenio entre el Vicariato y la Provincia o Custodia responsable, que luego ha de ser ratificado por el Definitorio general.
Marco obligado de referencia
A la hora de hablar de nuestras presencias evangelizadores y misioneras en los Vicariatos, Prelaturas y otras presencias misioneras (cf. Tánger y Somalia), no podemos olvidar la reflexión que la Iglesia y la Orden han hecho en estos últimos años sobre la evangelización y misión.
Por no alargarme, me limito a recordar aquí algunas líneas que la Orden ha subrayado en los últimos años en el campo de la evangelización y misión. En este contexto creo que no podemos olvidar que el Consejo plenario de Bahía nos pide prestar atención privilegiada a los últimos y a colocar el Evangelio en el centro de nuestra propuesta evangelizadora. El Capítulo general 1991, cuyo tema principal fue el de la evangelización, insiste en unir evangelización y contemplación, También pide una formación intelectual que pueda garantizar una evangelización de calidad. El Consejo Plenario de Malta volvió sobre la relación entre evangelización y la dimensión contemplativa. Por su parte, el Consejo plenario de Guadalajara, en México, subraya de nuevo la unión entre misión, fraternidad y contemplación. Somos, ha dicho este Consejo Plenario, una fraternidad contemplativa en misión.
Llegamos así al Capítulo general del 2009 que, una vez más, ha tenido como tema central la Evangelización, y que, después de recordarnos que hemos sido llamados a acoger el don del Evangelio y a restituirlo (cf. PdE 10), y hablar de la misión inter gentes y ad gentes (cf. PdE 13-21), nos define como: misioneros en el mundo, como Hermanos y Menores, con el corazón vuelto hacia el Señor (PdE 10). Por otra parte, tanto en su parte inspirativa como en los mandatos nos ofrece un marco que considero obligado a la hora de situar cualquier tipo de misión y de evangelización en clave franciscana y, por ello, también de las presencias misioneras representadas en este encuentro.
El mandato capitular n. 13 haciendo síntesis de la reflexión precedente, sitúa la evangelización y misión franciscanas en el marco de la experiencia de Dios, de la fraternidad y la minoridad, y de la colaboración con los laicos y con la Familia Franciscana.
En relación con la experiencia de Dios se dice que la misión/evangelización ha de estar animada por "una profunda experiencia de Dios". La experiencia de Dios es el fundamento irrenunciable para la revitalización de la vida y misión franciscanas. Si falta la fe radical, no hay posibilidad de fundamentar la misión, menos aún en la misión situada en puestos de frontera. Construiremos la casa/misión sobre arena. En este contexto el documento Portadores del don del Evangelio llama nuestra atención sobre una posible crisis de fe, crisis que estaría a la base del inmovilismo misionero que nos amenaza, y nos pide que le demos a Dios la centralidad que le es debida en nuestra vida, de tal modo que Dios sea el centro unificador de cuanto somos y hacemos, bien conscientes de que en ello se juega la esperanza que anima nuestra misión evangelizadora (cf. PdE 12). En este contexto me parece importante tomar conciencia de cuanto dice Vita Consecrata: cuanto más vivamos de Cristo, más seremos para los demás y más ocuparemos los lugares de avanzadilla de la misión (cf. VC 76). La sociedad liberal nos ha ido secularizando y nos ha hecho perder esta dimensión trascendente de la vida. La cultura liberal debe ser confrontada hoy por la vida religiosa y franciscana con la experiencia de Dios. Cada religioso, cada franciscano, deberá ser un maestro espiritual, y cada fraternidad debería ser una escuela de oración.
Siempre en el contexto de la experiencia de Dios como fundamento de la misión señalo algunos elementos para intensificar dicha experiencia: los hábitos de silencio, el tiempo dedicado a la meditación y a la oración personal, la lectura orante de la Palabra, el ejercicio de compartir la fe según la metodología de Emaús…
En relación con la fraternidad el mandato 13 pide que la misión/evangelización sea hecha desde la fraternidad y como fraternidad. Y Portadores del don del Evangelio nos recuerda que ningún proyecto evangelizador y misionero puede considerarse"patrimonio personal de ninguno. Es siempre la fraternidad la que evangeliza" (PdE 27). Como ya recordaba el Capítulo general de Madrid (1973), "el Señor nos ha llamado a vivir según el Evangelio no en solitario, sino en comunidad de hermanos" (Vocación de la Orden hoy, 12). En la fraternidad acogemos el Evangelio y desde la fraternidad y como tal lo restituimos. Una fraternidad evangelizada se convierte en evangelizadora. Es bueno recordarnos que la fraternidad es nuestra primera forma de evangelización y misión. Es éste un signo característico de nuestro modo de evangelizar. El Capítulo 2009 nos invita a construir fraternidades signo, fraternidades proféticas (cf. PdE 8), en las que los hermanos vivan desde la lógica del don, como una clara"alternativa a la lógica del precio, de la ganancia, de la utilidad y del poder" (PdE 10).
El individualismo, también entre nosotros, está creciendo. Es un producto amargo de la cultura liberal. El discurso sobre la fraternidad es hoy abundante. Para que no sea simplemente estético es necesario tener bien presente que el núcleo fundamental de la experiencia fraterna es teologal: consiste en vernos y aceptarnos como hermanos en Cristo –somos familia unida en Cristo-, por haber sido llamados por un mismo Señor a una misma vida y misión. Esta es la razón fundamental de nuestra comunión, no la homogeneidad de caracteres, ideología, edad… "El Señor me dio hermanos" (Test 14). Pero esta experiencia ha de alimentarse de prácticas muy concretas: la educación en el trato entre los hermanos, la acogida y la preocupación unos por otros –cuidado materno, nos pide el Capítulo del 2009-, la comunicación con los hermanos, el uso de la palabra pública para eliminar la crítica subterránea, la participación en la vida fraterna (oración, recreación, trabajo…), la comunicación de bienes (cuando falta, la fraternidad está ya en peligro), la práctica de la reconciliación comunitaria… Todo esto lo sintetiza muy bien el documento final del Capítulo 2009 cuando invita a "la búsqueda de medios para recrear comunión, mutua comunicación, calor y verdad en las relaciones recíprocas" (PdE 27).
En relación con la minoridad el mandato 13 nos exhorta a preferir los lugares de frontera, los lugares difíciles, los lugares pobres, los claustros inhumanos de los que ya hablaba el Capítulo del 2003 (cf. El Señor os dé la paz, 37). Y Portadores del don del Evangelio nos recuerda nuestra vocación y misión: ser menores entre los menores, e insiste en la necesidad de dejarnos interrogar por los signos de los tiempos y de los lugares, antes que preocuparnos por las estructuras (cf. PdE 29)). En este contexto se nos pide "habitar los claustros inhumanos" (El Señor os dé la paz, 37) y de edificar presencias evangélicas entre los últimos, "sacramentos del Hijo de Dios que se hizo pobre y huésped" (PdE 23). El Capítulo general 2009 nos recuerda también que "no podemos dar las espaldas al devenir del mundo" (PdE 29) y que nuestra espiritualidad y misión no pude ser ajenas a la vida de nuestros pueblos (cf. PdE 30). Pero al mismo tiempo y con sano realismo nos recuerda que "sólo la fe y la espiritualidad trinitaria nos permitirán habitar las fisuras de un mundo fragmentado" (PdE 22).
En relación con la colaboración, el mandato 13 pide que nos abramos a la colaboración con los laicos, no sólo por necesidad sino, como nos recuerda Portadores del don del Evangelio, por respeto a la vocación que también ellos han recibido. Para ello se nos pide entrar en actitud de conversión eclesiológica (cf. PdE 25). El II Encuentro insistió en la necesidad de formar a los laicos en la dimensión misionera, con un claro marco de referencia franciscano. La colaboración ha de extenderse a la Familia Franciscana.
Todos estos elementos, por estar en estrecha relación con nuestra forma de vida, hacen decir al Capítulo: "La misión no es simplemente la dimensión externa de nuestra vida. De hecho, la misma vida consagrada, bajo la acción del Espíritu Santo, se convierte en misión, como lo ha sido la misma vida de Jesús" (PdE 29).
A la luz de este marco creo necesario que evaluemos nuestra misión/evangelización en las presencias misioneras aquí representadas, asumiendo para ello las preguntas que aparecen en el subsidio Moratorium: un tiempo para discernir: ¿Dónde estamos? ¿Hacia dónde queremos ir? ¿Qué nos pide el Espíritu en estos momentos?, sin olvidar que para el Hermano Menor hay dos modos de comportarse: "el testimonio silencioso…, y el anuncio explícito de la Palabra de Dios con la invitación a la conversión, que se actuará cuando se vea que agrada al Señor. El anuncio explícito del Evangelio es el punto de llegada de nuestro modo de estar presentes en el mundo, después de una atento discernimiento para comprender 'cuando agrada al Señor' (1R 16, 5-7)" (PdE 20).
La formación misionera
La formación es una condición del crecimiento personal y una exigencia de la misión. De ahí que la formación no es un asunto opcional, sino una verdadera obligación moral. Por otra parte, es un dato adquirido: para una misión/evangelización de calidad se necesita una formación adecuada y de calidad, tanto en el campo de la formación permanente como inicial. El Capítulo pide que ya desde la formación inicial se presente claramente la vocación misionera de nuestra Orden, "revisando en las Entidades los programas de formación permanente e inicial a la luz de la prioridad de la evangelización y de la misión, favoreciendo experiencias concretas tanto en las Entidades, como en la Conferencia y en la Orden, garantizando una adecuada preparación, un atento acompañamiento y la necesaria evaluación".
El Capítulo 2009 nos recuerda también la necesidad de motivar a los candidatos a la misión "en el estilo franciscano", como "frailes del pueblo" y "compartiendo, en la medida de lo posible, la vida de los pobres" (cf. Mandatos capitulare 17). Esto que debe ser un compromiso de todas las Entidades de la Orden, ha de ser un compromiso particular de aquellas Entidades a las que les ha sido confiado un Vicariato o una Prelatura. A estas Entidades les recuerdo cuanto he dicho en alguna de ellas durante mi visita Fraterna: no nos es lícito sacar vocaciones de los Vicariatos y Prelaturas si la Provincia no tiene una clara conciencia de su responsabilidad para con estas estructuras, y si no forma a sus candidatos, particularmente a quienes proceden de esos territorios, en la dimensión misionera.
Por otra parte se hace necesaria una formación inicial para quienes van a tales presencias misioneras, así como a la misión ad gentes en general. La fraternidad Notre Dame des Nations en Bruselas tiene precisamente esa finalidad: formar a los nuevos misioneros dentro del marco franciscano de misión/evangelización. Dado que esa formación se imparte en francés e inglés, pido a las Entidades que reciben o envían misioneros de prepararlos adecuadamente. Esto también es válido para aquellos territorios misioneros específicos (cf. Marruecos, Amazonas…).
También es necesaria una formación permanente adecuada a la reflexión teológica sobre la misión llevada a cabo en la Iglesia y en la Orden, así como a las situaciones cambiantes de los lugares donde viven y trabajan los hermanos misioneros. En este sentido, sin restar importancia a las iniciativas que se tomen in loco, Bruselas podría ofrecer algunas oportunidades coordinadas por la SGME.
Sustentamiento económico
Soy bien consciente de las necesidades económicas de los Vicariatos y Prelaturas aquí representados, incluso de los aprietos por lo que alguna vez podéis pasar, pero, con la franqueza que debe existir entre hermanos, os confieso que en estos momentos la Curia general no está en condiciones de ayudaros más de lo que lo hace ya, tanto a través de la SGME, como de otros organismos como MFZ y el SGM de Waterford.
En el Capítulo 2009 se aprobó una propuesta para revisar las aportaciones a la Curia general para la evangelización misionaria.
Espero que cuando dicha propuesta se realice podamos disponer de más fondos. En ese caso saldremos al paso de algunas necesidades más.
En este contexto, mientras agradezco las ayudas que hacen las Provincias a las cuales ha sido encomendado un Vicariato o unaPrelatura, pido a los responsables de dichas demarcaciones eclesiásticas de ser solidarios con otros Vicariatos y Prelaturas con mayores necesidades. La transparencia, la solidaridad y la austeridad son aspectos fundamentales de una economía franciscana y misionera.
Pastoral vocacional
Mientras hay presencias misioneras donde no es posible hacer ningún tiempo de pastoral vocacional in loco (pienso a aquellos que se encuentran en países musulmanes), en la mayor parte de estas demarcaciones eclesiásticas sí es posible. Pido que se tenga en cuenta este aspecto, de tal modo que podamos ir renovando y asegurando el personal necesario. En este sentido pido un esfuerzo por parte de todos, pastores y ministros provinciales, por la implantatio Ordinis y la implantatio ecclesia.
Por otra parte, pido también a los responsables de los Vicariatos y Prelaturas de asegurar una adecuada formación permanente a los misioneros. Ello es necesario para cualificar la misión y, al mismo tiempo, para promover la fidelidad creativa de los hermanos.
La Orden y los Vicariatos y Prelaturas
La Orden, aun cuando a veces no resulta fácil buscar personal, sin embargo valora muy positivamente la confianza que la Sede Apostólica ha depositado en ella al confiarle estas presencias misioneras. El Ministro general y su Definitorio aprovecha también esta ocasión para manifestar a las Provincias y Custodias de las que directamente dependen estas presencias misioneras su esfuerzo por asegurarles una ayuda económica y también de personal, y a los hermanos que están presentes en estas "misiones de avanzadilla", para agradecerles su testimonio, a veces rayando la heroicidad.
Por mi parte asumo el compromiso de buscar nuevos misioneros. Trabajar en estas demarcaciones eclesiásticas es una clara opción por la Iglesia pobre –pobre de clero, pobre de medios-, y por la Iglesia de los pobres, pues, por lo que puedo conocer, la mayor parte de los fieles que forman parte de vuestras Iglesias locales son pobres.
Para concluir
La evangelización y la misión son "la gracia y la vocación propia de la Iglesia" (cf. 14 EN). Comienza con la apasionada solidaridad de Dios con el género humano y con la historia: 'Dios ha tanto amado el mundo hasta darnos su Hijo unigénito' (Jn 3, 16). El cristiano intenta prolongar con creatividad y fantasía (cf. PdE 8. 9), en cada momento histórico, la misión del Hijo" (Sdp 37).
También para nosotros la misión ha de ser considerada gracia y vocación. La misión está en el corazón mismo de nuestra forma de vida en fraternidad y minoridad: hemos sido llamados a ser Hermanos Menores para ser enviados, de dos en dos, al claustro del mundo. Cuanto más íntima sea la dedicación al Señor Jesús, más fraterna la forma comunitaria de nuestra existencia, más ardiente será nuestra opción misionaria.
